sábado, 22 de abril de 2017

Mi abuela materna

Mi abuela materna Dª Juana Pinto Torres, vivía en la calle Porlier entre Av. Asuncionistas bajando a la derecha, como tres casas cerca de la calle Castro.

Cuando mi madre me llevaba, recuerdo vagamente que la ventana siempre estaba cerrada y la casa me parecía oscura. Después de la cocina, no me acuerdo muy bien, me parece que seguía un patio, y había otra vivienda a continuación, que daba para la calle General Serrano; a mí me tenían prohibido correr por dentro de la casa, pero yo no me aguantaba mucho tiempo y me iba hasta dentro siempre que podía.

Yo no conocí a mi abuelo o por lo menos no lo recordaba. Lo que si estoy seguro, es que no se llamaba José Peña, porque mi madre contaba siempre, que cuando salían de excursión al monte ella decía: tío Pepe se pasaba todo el día afinando la guitarra.



Mis abuelos maternos tuvieron 5 hijos: Miguel, Amelia, Natividad, Mercedes y Plácida.

Miguel, se casó con Concepción González, vivieron en la calle Primo de Rivera, que es donde yo los recuerdo y tuvieron ocho hijos: Conchita, Ofelia, Miguel, Manolo, Angelito, Mary, Goya y Jorge.

Amelia, se casó con Felipe González (tenía un taller de fontanería) y tuvieron cinco hijos. a saber: Pepe, Miguel, Walquíria, Yolanda y Felipe. Vivían en la calle Duggi, que yo recuerdo bien, porque iba con mucha frecuencia. Enfrente de la casa, estaba la finca de D. Bruno, la puerta de entrada estaba más arriba, frente a la calle Benavides. Una vez entré corriendo, no sé si a buscar una pelota, el caso es que pisé  encima de un invernadero de cristal que estaba en el suelo y me hice un corte en el pie.

Natividad, se casó con Ángel Acosta Hernández  ( periodista, escritor, poeta y autor teatral ), vivieron en la calle San Martín, frente al cine San Martín por debajo de la calle de San Miguel, pero antes, yo recuerdo que vivieron en la misma calle en una casa pequeña, dos casas más abajo de la calle La Rosa. Yo era muy chico cuando iba con mi madre a esa casa.  Un día de verano, debía de ser, fuimos todos a la playa, y mi tío Ángel me cogió en los brazos y me metía en el agua. Yo gritaba llorando: "Suéltame, coño, que me ahogo",  porque tenía miedo, como todos los niños, y él se reía pero no me soltaba. Es una escena que quedó grabada en mi mente.
Tuvieron cinco hijos, Mª de los Ángeles (Mimí), Arcadio, Julio, Amaranta y Ángel-Miguel.

1963 - Mimí, Ángel, Yaya, Arcadio, Amalia, Naty, Arcy, Rodolfo, Ezequiel ... - Niños: Rody, Fanny y Anabel

      Mercedes  (yo la recuerdo ya viuda) tuvo tres hijos: Bernardo, Pepe y  Pilar. Después nació  Teresita, que, cuando Mercedes murió, ya tenía dos años. La recuerdo junto a Pilar, que lloraba sentada en un escalón de la casa por la muerte de su madre.  El padre de Teresita se llamaba Miguel, era sargento de la policía municipal. La adoptó, llevándola a vivir con su familia, criándola y educándola, hasta que se casó con Máximo Torrijos (telegrafista de la policía nacional), de este matrimonio nacieron Miguel Ángel (que murió en un accidente de automóvil ) y Gustavo.

Teresita, Linda, Mercedes y Naty

 Plácida  (Linda)

Plácida, casada con Rodrigo Coello Martín en el año 1928. Del matrimonio nacieron sus tres hijos:
Rodolfo Eusebio, nació el día 14 de Agosto de 1929, Mª Adoración, nació el 6 de Enero de1931, y  Victoria Ucrania (Tania ), nació el 24 de Octubre de 1933 y falleció el 25 de Octubre de 2011.

 

viernes, 14 de abril de 2017

Mi infancia (familiares, mi casa, el barrio, los amigos,...)


Nací el día 14 de Agosto de 1.929 en Santa Cruz de Tenerife, en la calle Carmen Monteverde nº 9 -1º


piso,
 de una casa de tres plantas, en ella vivíamos mis padres (Rodrigo y Plácida), mis abuelos (Cristóbal y Tomasa), y mi tía Carmen, hermana de mi padre.  

 En el 2º piso vivía un matrimonio bien acomodado: D. Leopoldo Fdez. Trujillo (Joyero y Tasador de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, entonces situada en la calle Pérez Galdós frente al callejón del Combate),  con sus hijos Pepita, Orestes, Antonio, Maruca, Olga, Leopoldo, Rubén, Lourdes, Néstor y César.

En el piso bajo vivían  María y Antonio con sus hijos Concepción, Victoria, Maruca, Antonio, Pepa, Luisa y Tita. Los padres eran de La Gomera.  En el piso bajo, antes de ser vivienda estuvo la Caja de Ahorros, por eso es por lo que tiene tres puertas de  hierro  plegables  y  la puerta principal está por la calle Juan de Padrón, nº 4.


  
Delante de la puerta de entrada del edificio por la calle Carmen Monteverde, era de tierra de unos tres metros aproximadamente de ancho y había un muro de cemento que limitaba la calle: allí jugábamos a los boliches y al trompo también.

En la casa al lado de la mía vivía Gregorio Montelongo y Carmela, con sus dos hijos, Gregorio y Pepe, (Gregorio se hizo auxiliar sanitario, practicante), y  se fue a Venezuela; Pepe era técnico de radio y se colocó en la emisora de Radio Juventud.

Enfrente de mi casa por Juan de Padrón vivía D. Manuel Trujillo  y  Dª Juana, con sus hijos, Manolo, Gonzalo, Fernanda, Alejandra y Tony. El padre regentaba la "Funeraria Trujillo". La puerta daba a la calle Carmen Monteverde.

Frente a esa puerta, se sentaba mi abuelo Cristóbal en la puerta de la fábrica de fideos "La Panificadora", a fumar de su pipa y a contarme cuentos a mí,  que estaba sentado sobre sus rodillas. 

El edificio de la Panificadora cogía tres calles: Santa Isabel (actual Carmen Monteverde), Juan de Padrón y Consolación (actual Puerta Canseco).  Por esta calle  estaba la puerta principal. Por la calle Juan Padrón solo había ventanas por las que se veían caer los fideos saliendo de las  máquinas;  todos los días se ponía a ver salir los fideos, Gregorito, un chico de mi edad que estaba algo  mal de la cabeza. Él se pasaba las horas muertas con las manos detrás de la cabeza mirando salir los fideos.

Al lado de la casa de Dª Juana en la  esquina a Calle Miraflores vivía D. José Coello (era Tornero) y Dª Pilar Peña, con sus dos hijos Pepe y Orestes. También vivían con ellos los hermanos de Dª Isabel: Falo, Eva y  Enrique. Frente de su casa, estaba la fábrica de mosaicos " La Pumita "  y,  por encima,  había un terreno en el que se entrenaba el equipo de baloncesto "El Campestre"; nosotros íbamos a jugar a la pelota en aquel terreno. Entrábamos por una calle de tierra que había frente a la puerta principal del Hospitalito de Niños. Allí había, por el lado de arriba, un salón grande donde limpiaban y cuidaban a los perros galgos para las carreras que se celebraban todos los Domingos en el campo de futbol hoy "Heliodoro  Rodríguez López". Alrededor del campo estaba la pista para los galgos, con una liebre mecánica y los cajones desde donde salían los galgos, igual que en las carreras de caballos, se hacían apuestas.

Al fondo de la calle, habían unos cuartos que servían como viviendas a unas familias. Una de ellas era Vicente (taxista) y Antonia, con sus dos hijos Vicente y Yayo; en la otra vivía Antonio, que tenía un carro de mulas, con sus dos hijos Antonio "Antoné" y Julián; en otro de los cuartos, era donde mi abuelo elaboraba el tabaco en polvo: él iba por las fábricas de cigarrillos  y recogía los residuos sobrantes de las máquinas de cigarrillos,  los metía en sacos y los llevaba al cuarto.  Allí, en una caja grande con unas tiras de madera en los costados del cajón que hacían de guías  a una cernedera,  dándole atrás y adelante, cernía el tabaco. Luego lo metía en aquellas latas que venían antes con las "galletas María" y las vendía en los comercios;   en aquella época se usaba mucho el esnifar el tabaco en polvo por la nariz.

El edificio del Hospitalito de Niños cogía una manzana completa entre las calles Carmen Monteverde y la de Miraflores. En la parte baja estaba el cuarto mortuorio y un jardín enrejado, y por Carmen Monteverde estaba la puerta de las "consultas y curas".

Enfrente había una fábrica de sifones y  gaseosas "Orange Crush",  y  por encima de ésta, estaba el GURUGÚ  (http://intheisland-gurugu.blogspot.com.es/2009/09/el-taller.html), que era un patio grande alrededor del cual había varios locales, talleres de herrería, carpintería, mecánica de coches, chapa y pintura, etc. etc. y  por encima estaba el molino de gofio "15 de Mayo", un poco antes de llegar a lo que es hoy la calle Alfaro.

El edificio del Hospitalito de Niños, por la parte de arriba, era un solar amurallado que llegaba hasta lo que es hoy la calle Alfaro, que entonces era una explanada donde había una parada de carros de madera con dos ruedas y tirados por mulas,  dedicados al transporte de mercancías. Los carros tenían las barandas de madera, así como el pescante para el conductor; también los había con dos tablones a lo largo para transportar barriles y toneles grandes. 

Un día pasé  por allí y vi que había un corro de hombres, y me acerqué a ver qué estaban haciendo. Y era  que  estaban cortándole las orejas a un perro de presa, cuando sentí un golpe en la espalda y una voz que me decía "¡Fuera de aquí!". Un carrero era el que me había dado con el látigo, salí corriendo como alma que lleva el diablo hasta llegar a casa de mi tía Flora que vivía un poco más arriba por la calle Miraflores.

En la calle Juan de Padrón, frente a las ventanas de la Panificadora, vivían D. Justo Serrano (policía Municipal) con su señora Dª María Luisa Caballero y sus tres hijos Ismael, Luis y Meinardo. 
A Justo lo detuvieron cuando el Movimiento porque era de izquierdas, como a mi padre. Estuvieron unos meses en los barcos que estaban fondeados en la  bahía, y que los habían convertido en cárceles, porque en tierra no había lugar donde meter a tantos presos. Después los llevaron a  Villa Cisneros (África), donde estuvieron varios meses.  A mi padre lo  trajeron a Tenerife, a los salones de Fyffes y a la semana siguiente, los presos que quedaron en África se fugaron en el Correíllo 
Correíllo Viera y Clavijo
Viera y Clavijo, se fueron a hacia el sur llegando a Dakar en el Senegal, que era  colonia francesa y de allí se fueron a Francia. Allí permanecieron algunos hasta que en España hubo una amnistía y pudieron volver. Uno de ellos fue D. Justo Serrano. Cuando volvió a Tenerife junto a su mujer, nació Marisa, que ya de mayor estudió enfermería, porque la última vez que la vi fue en el Ambulatorio de Tomé Cano y  hace ya unos cuantos años de eso, no he vuelto a saber más de ellos.

Cuando Dª Mª Luisa se quedó sola con los tres hijos, se dedicó a coser ropa de hombre y montó un pequeño comercio en uno de los cuartos del Mercado al lado de la puerta principal.  Con su trabajo logró darle estudios a cada uno de sus hijos: Ismael estudió Ingeniería  química, se fue a Venezuela y estuvo unos años trabajando en una refinería de allí, hasta que volvió a Tenerife; Luis estudió medicina "Pediatría", y  se quedó ejerciendo aquí, en Santa Cruz; y  Meinardo estudió abogacía.

En la calle Miraflores, a partir de la fábrica de mosaicos "La Pumita" hacia abajo, en las dos primeras casas, tanto  a la derecha como a la  izquierda vivían familias decentes, pero de ahí hasta la esquina de abajo eran casas de prostitutas. Antes de llegar a la Calzada de la Noria estaba el Callejón Olivera, que tenía aproximadamente unos 25 o 30 metros de largo y hacía un ángulo recto hacia arriba (ver el mapa arriba) paralelo a la calle Miraflores.

En la esquina del Callejón Olivera y la  Calzada de la Noria, había un chorro de agua público;  al otro lado de la Calzada la Noria y siguiendo en la calle de Miraflores, hay un edificio de dos plantas que llega hasta donde hoy empieza el Puente Serrador, en el que toda la planta baja son locales comerciales, en la parte alta son ventanas de las viviendas a  las que se tiene acceso por un pasillo cuya entrada está justamente al final de la calle.  Por la trasera de este edificio había un terreno al que llegaba la gente que venía del campo con los burros y mulas,  por lo que se le llamaba "El Potrero", que llegaba desde la Calzada de la Noria hasta donde hoy se están aparcando los coches debajo del puente Serrador. Estaba rodeado por un muro y se entraba a él por la calle de La Noria.

La calle de la Concordia, por la parte de arriba, eran salones que se empleaban como depósitos. Uno de ellos, el que estaba frente a la Calzada de la Noria, contenía carbón; otro, maderas. La calle, al final, no tenía salida, terminaba en el Barranco de Santos.

Precisamente, donde hoy empieza el puente Serrador, estaba ubicado " El Tinglado"  que era una ampliación del Mercado viejo (Recova Vieja),  formada por una estructura de hierro sin paredes, solo cubierta por un tejado metálico, debajo del cual habían unos mostradores de cemento con sus compartimentos donde se exponía  la mercancía. Los recuerdo bien  porque muchas veces nos poníamos de madrugada en unas colas interminables para poder comprar una "pesada" de papas (2 kilos) por persona: era la época del hambre, después de que terminó  la guerra civil.

http://memoriadesantacruz.blogspot.com/2014/12/la-antigua-recova.html 
La Recova Vieja fue inaugurada en 1854, con una extensión de 1.860 metros cuadrados, se ubicó en la prolongación de la calle Santo Domingo frente al costado del Teatro Municipal "Guimerá", tenía dos puertas de entrada una por la parte de arriba del edificio y la otra en lo que es hoy la Plaza Isla de la Madera, pasado el tiempo aumentó la población y la Recova quedó pequeña, los puesto del mercado aumentaron no cabían dentro y se fueron acomodando por fuera en las calles adyacentes, por lo que tuvieron que instalar una estructura de hierro que trajeron de Inglaterra, delante de la puerta principal del Mercado en la misma plaza quedando como la pescadería, las carnicerías por el costado frente al Teatro.


En la calle Valentín Sanz, estaba el fotógrafo Benítez, y a continuación, el periódico "La Prensa", "El Día". En la esquina con la calle Pérez Galdós estaba la librería "Castilla", y enfrente, en la esquina a la calle San José, estaba el bar "El Águila". Allí muchas veces cuando iba al colegio me encontraba con mi padrino de bautismo D. Enrique Lite, le besaba la mano, me daba la bendición y una peseta para caramelos. 
Calle Norte o Valentín Sanz, esquina Calle San José

Mis padrinos vivían en la calle del Pilar, esquina a San Lucas, frente al costado de la Iglesia. Yo, muchas veces iba a verlos. Mi madrina se llamaba Pilar. Eran de Madrid. No sé qué relación tenían con mis padres para apadrinarme. Una vez, estando en la casa, cogí una pistola pequeñita que había sobre la cómoda. Era de mi padrino, que era un jefe de la falange. Se asustaron al verme con la pistola en la mano y me la quitaron enseguida diciéndome: "¡Eso es peligroso! No se toca".

El hijo se llamaba también Enrique, era algo mayor que yo. Tenía en la azotea dos bicicletas: una más grande y más nueva. A mí me dieron la mas pequeña, y yo más contento que en unas Pascuas.
   

sábado, 1 de abril de 2017

Club Marítimo Atlántico

El club Marítimo Atlántico, dedicado al deporte de la pesca con caña, estaba  situado en  la Avda. La Salle, en la  esquina a (hoy) Calderón de la Barca, esquina derecha de la Glorieta de Pedro Mendoza, pero con las obras urbanísticas del sector, se tuvieron que trasladar a la calle Garcilaso de la Vega, nº15. No sé, si en la actualidad seguirá existiendo el club.

En aquella época, el presidente del club era Remberto Rodríguez, que también era propietario de una peletería situada en la calle del Barranquillo (hoy Imeldo Serís), frente a la plaza Santo Domingo, por debajo de la plaza estaba el Teatro Guimerá  y por encima la farmacia de Foronda.


Nosotros nos inscribimos en el club, para estar registrados oficialmente.  Los sábados por las noches organizaban unas fiestas con bailes amenizados con cintas de casetes y un equipo de altavoces, allí solíamos reunirnos con nuestras mujeres, también iba Máximo Torrijos y Teresita. Él, en muchas ocasiones, nos acompañaba también, cuando íbamos a pescar.

Una vez, el club organizó un día de pesca por la zona norte. Iban como diez o doce pescadores de caña, y nosotros aprovechamos el viaje y fuimos con ellos.

Los pobres, pescando de orilla no cogieron casi nada, era todo pescado pequeño algunas viejitas y sargos, pero cuando llegamos nosotros al mediodía cargados de pescado, se quedaron asombrados. 
Norberto (Titi), Rodolfo y Narciso

En la misma playa, hicieron un fuego y guisaron el pescado con agua del mar y todos nos los comimos sobre los mismos callados, porque no iban preparados y no tenían manteles,  para ellos fue un día maravilloso y para nosotros también claro.