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Rodolfo Coello en Fuente Joco |
Salimos por la mañana en la guagua hasta
La Laguna y desde allí caminando por la carretera hacia La Esperanza, nos
paramos en "Fuente Joco" (A) que
estaba al pie de la carretera. Martín conocía bien el lugar porque había estado
antes y me dijo: "Vamos, que te voy a
enseñar donde está la verdadera fuente saliendo de la tierra".
Trepamos la montaña y, justo detrás, estaba la fuente saliendo de
entre las piedras, el agua fresquita, formando un pequeño charquito donde se
podía coger el agua para beber .
Salimos tempranito por la mañana
y empezamos a subir al Teide, llegando a los "Huevos del Teide" (C); ahí Martín se sintió fatigado y nos detuvimos para que descansara un rato.
Mientras él descansaba, yo seguí subiendo hasta la altura del refugio para preparar un poco de leche. Tan
pronto como calenté, la leche bajé corriendo hasta donde estaba Martín, que
seguía fatigado por el esfuerzo de la subida. Estaba descansando arrimado a
una piedra. Cuando comenzó a beber la leche caliente, le salían de la frente
chispas de sudor como si fuera un surtidor.
A continuación bajamos hasta encontrar una fuente de agua que a pleno sol estaba fría: más que fría, estaba helada. Seguimos hasta la Cueva del Hielo, luego bajamos hasta los Roques
de García (E) y el Valle Ucanca (F).
Seguimos hasta la casa del caminero Juan Évora (G), que está en la bifurcación de la
carretera a Vilaflor y las Cañadas, allí
medio me arregló el zapato que se me había descosido y pasamosaquella noche allí con Juan Évora.
Al día siguiente nos despedimos y salimos para bajar hasta Chirche (F), pero por la cañada se me declavó el zapato y tuve que tirarlos y empecé a caminar descalzo.
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Martín |
Después de descansar un poco, cogí el morral de Martín y comenzamos a subir
hasta el refugio de Altavista (D), que estaba en construcción aún; limpiamos el corral de las
boñigas de las bestias que subían con los materiales de trabajo y nos preparamos para pasar la noche.
Recogimos las astillas de madera de
tea esparcidos por el suelo para hacer un fuego para comer y mitigar el frío tan intenso que hacía en aquella altura. Nos pasamos casi
toda la noche tomando café y acurrucados uno contra el otro y tapados con la
manta, hasta que amaneció y subimos al pico para ver la salida del sol.
Al día siguiente nos despedimos y salimos para bajar hasta Chirche (F), pero por la cañada se me declavó el zapato y tuve que tirarlos y empecé a caminar descalzo.
Le
dije a Martín que siguiera él solo hasta Chirche y me
comprara unas alpargatas, y yo le esperaba
en las tanquillas de distribución de agua, que estaban antes de llegar. Yo me quedé solo caminando por sobre las
piedras que encontraba, porque cada vez que tropezaba con un brazo de lava me
tenía que parar y caminar muy despacio, hasta que encontré unas gomas de
alpargatas y pude fabricarme con un trozo de hilo de embalar que llevaba en el
morral unos patines, le hice un agujero en la punta de cada goma y pasando el
hilo por el dedo gordo podía caminar despacito pero adelantaba algo, hasta que
terminaba el brazo de lava y entonces
volvía a saltar de piedra en piedra más deprisa, mientras me entretenía
cogiendo ramas de orégano y llenando el morral.
Me alegré cuando vi a un hombre con una mula que, al verme caminando descalzo, se compadeció de mí, pero se disculpó porque no me podía ayudar, ya que la bestia venía cargada. Yo le dije que mi compañero había bajado hasta Chirche para traerme unas alpargatas y que yo le esperaba en las tanquillas de distribución de agua. Me dijo: "Lo siento, pero no puedo ayudarlo. Yo se lo diré a su amigo cuando lo vea en Chirche".
Seguí solo hasta que llegué a las tanquillas y allí me senté a esperar. Al rato de estar allí sentado, pasó un cabrero que precisamente vivía por detrás de donde yo estaba, y me invitó a su casa, pero le dije que yo no podía andar porque tenía los pies hinchados. Fue a su casa y vino con su hijo, y entre los dos me llevaron sentado sobre sus brazos. Me invitó con una taza de leche recién ordeñada y mandó al hijo hasta Chirche y me trajo las alpargatas.
Me alegré cuando vi a un hombre con una mula que, al verme caminando descalzo, se compadeció de mí, pero se disculpó porque no me podía ayudar, ya que la bestia venía cargada. Yo le dije que mi compañero había bajado hasta Chirche para traerme unas alpargatas y que yo le esperaba en las tanquillas de distribución de agua. Me dijo: "Lo siento, pero no puedo ayudarlo. Yo se lo diré a su amigo cuando lo vea en Chirche".
Seguí solo hasta que llegué a las tanquillas y allí me senté a esperar. Al rato de estar allí sentado, pasó un cabrero que precisamente vivía por detrás de donde yo estaba, y me invitó a su casa, pero le dije que yo no podía andar porque tenía los pies hinchados. Fue a su casa y vino con su hijo, y entre los dos me llevaron sentado sobre sus brazos. Me invitó con una taza de leche recién ordeñada y mandó al hijo hasta Chirche y me trajo las alpargatas.
Me despedí dándole las
gracias y comencé a caminar por encima de la atarjea , porque cuando ponía los
pies sobre alguna piedrita el dolor me podía.
Al fin llegué a Chirche, a la venta donde me estaba esperando Martín, la gente al verme decía: "¿Pero cómo pudo llegar hasta aquí ?"
Al fin llegué a Chirche, a la venta donde me estaba esperando Martín, la gente al verme decía: "¿Pero cómo pudo llegar hasta aquí ?"
Nos tomamos un vaso de vino y seguimos hasta Guía de Isora (H). Nos quedamos en la
pensión hasta el día siguiente, que cogimos la guagua para volver a Santa Cruz.



