jueves, 22 de junio de 2017

Alameda Duque Santa Elena y Calle Castillo


La Alameda fue construida en el año 1787. Lo que yo recuerdo de la Alameda, no tiene nada que ver con la fachada que tiene la fotografía.



Lo que recuerdo es que en el lado izquierdo de la Alameda
había un kiosco de unos 4 ó 5 metros cuadrados aproximadamente que se llamaba
"Los Paragüitas". Tenía por el lado derecho unas mesas con los parasoles, y la fachada de la Alameda era una réplica del original:

Esta foto (a la derecha), es como yo conocí la Alameda del Duque de Santa Elena, con Los Paragüitas, yel edificio blanco pegado a los árboles es la trasera de "Intendencia".
A la izquierda de la foto se pueden ver las casas de la calle La Marina. En la primera casa, por debajo del muro, estaba la Casa Hamilton allá por el año 1940. Y al fondo, lo que parece un castillo, es el Cuartel de Ingenieros, y enfrente estaba la parada de las guaguas que iban a San Andrés. En la casa que se ve de color más claro, mi madre puso un estanco de cigarros, dos casas antes de llegar a la calle Emilio Calzadilla y allí mismo ella hacia los cigarros puros que vendía.



En la
Plaza de la Constitución hoy (Pza. de la Candelaria) , estaba ubicado el edificio del Gobierno Civil. Allí empezó en Julio del año 1936 el tiroteo cuando el levantamiento en contra del Gobierno de la República.

En la calle del Castillo esquina a la calle de San Francisco estaba la Droguería Espinosa y al lado el Café La Peña , en la esquina de Castillo con calle Cruz Verde , estaba Peceño un almacén de trajes de caballero.

Más arriba, en la esquina de la calle San Pedro Alcántara, estaba la Peletería León y al lado, la Farmacia Serra (creo que la más antigua de Santa Cruz). El farmacéutico era un señor moreno, de ojos grandes y adormilados, bajito y algo regordete. Siempre llevaba puesto un batín blanco.

Calle Castillo. 1936. Foto de Eladio Francisco
Más arriba estaba el comercio de Las Tres Muñecas; en la esquina de Valentín Sanz estaba la Droguería Ayala, que tenía la pared de azulejos con dibujos de un pescador con un salmón colgando del hombro; en la esquina de enfrente estaban los almacenes El Globo; algo más arriba estaba la Compañía Telefónica que luego la pasaron a la calle de Teobaldo Power; en ésta misma calle, frente de la Telefónica,  estaba el Conservatorio de Música:  y al lado, en la esquina de Pèrez Galdós;  la Clínica Fariña; en la esquina a calle del Castillo estaba el taller de las Máquinas Singer;  y enfrente, en la otra esquina, estaba la Ferretería de Acevedo.

La calzada ó suelo de la calle del Castillo era toda de adoquines y con los rieles del tranvía. Lluego asfaltaron toda la calle por encima y dejaron los rieles del tranvía tapados o enterrados.

En la esquina de la calle Juan Padrón con la de Imeldo Serís estaba la Sastrería El Faro. Y por debajo de la sastrería, había un taller en el que arreglaban las cocinillas de petróleo ó "infiernillos".





viernes, 16 de junio de 2017

Escuelas de mi infancia y juventud

La primera escuela a la que fui era la de Dª Angelita en la calle Carmen Monteverde. Mis
primeros libros fueron la Cartilla y el Catón. Allí aprendí a deletrear.

 Después fui a la escuela de Dª Carmen en la calle de Canales, que actualmente es Ángel Guimerá.

Luego, aprovechando la Ley que impuso el Gobierno, para que los colegios acogieran gratuitamente a los huérfanos, me pusieron en la escuela de Dª Marcela cita en la calle Santa Rosalía esquina a la calle Santa Rosa de Lima. También pusieron a mi hermana Maruja.

Mi madre conmigo y mi hermana.
Foto privada Familia Coello Peña
Allí estuvimos unos años. Pero como yo era medio golfillo, y me fugaba a cada momento, Dª Marcela me castigaba dejándome en el patio desde por la mañana hasta las ocho de la tarde. 

Maruja me traía el almuerzo, pero Dª Marcela le ordenaba a la sirvienta que no me la diera hasta que ella llegara. La pobre mujer sufría al verme y me decía: "Lo siento mi niño, pero no puedo darte nada".  El patio tenía una puerta trasera que daba a la calle Santa Rosa de Lima, y por allí salía yo, cuando terminaba el castigo, y me iba a mi casa.

Dª Marcela tenía un puntero largo , para señalar las distintas naciones en el mapa grande que estaba colgado en la pared, pero ella lo empleaba con frecuencia para darle un golpe en la cabeza por la parte más gruesa al  alumno que cogía hablando con otro. 

Había dos aulas: una, la mayor, en la que daba clases  Dª Marcela, y en la otra, daba clases Dª Carmita. Esta era una profesora muy buena y cariñosa que daba gusto estar con ella. Yo me sentaba en la sillita que estaba en la puerta entre las dos aulas, porque así lo ordenó Dª Marcela para tenerme bajo su control. Más de una vez me dejó caer el puntero por la parte gruesa sobre de mi cabeza, era de la vieja escuela. Cuando uno no se sabía la lección, le daba un par de reglazos en la mano, tenía muy mala uva.

Silvia era una chica algo gordita que, cada vez que entraba en el aula y como yo estaba sentado en la puerta, me daba en la espalda un golpecito, yo no podía hacer nada porque ella seguía caminando hasta su sitio y no me daba tiempo, pero un día que volvió a darme el golpecito, la sillita de ella estaba delante de la mía y aproveché la ocasión para vengarme: cuando se fue a sentar le quité la silla con el pie  y se mandó un tremendo culazo en el suelo; aquella fue la ocasión que aprovechó Dª Marcela para escribir en la pizarra: "El alumno Rodolfo Coello  queda  expulsado de la escuela".  Yo metí mi porta-libros bajo el brazo y salí pitando para mi casa.

También estuve en el Colegio Público de la calle de La Rosa esquina a calle San Antonio. Junto a la puerta de entrada, había un jardín que estaba protegido por una verja de hierro hasta la casa de al lado;   el aula tenía tres ventanas que daban al jardín, la otra aula daba al patio donde salíamos al recreo;   allí estuve poco tiempo.

Mi madre, habló con D. Ramón, un amigo de mi padre, que era  profesor en la Academia de D. Gregorio Martínez, situada en la calle Bernabé Rodríguez ,y allí seguí estudiando hasta que estuve preparado para ingresar en la Escuela de Comercio donde solo hice hasta  1º de comercio,  pero  tuve que dejarlo para ir a trabajar a  la Unión Eléctrica de Canarias (UNELCO) donde entré como aprendiz.

En aquella época las Empresas enviaban a los aprendices a la  Escuela de Formación Profesional que estaba ubicada en la Plaza Isla de la Madera, en el edificio de la antigua Recova Vieja que había quedado vacía cuando hicieron el  Mercado de Nuestra Señora de África en la calle San Sebastián.   

Yo estaba en la clase de electricidad y allí conocí a Óscar, que también estaba de aprendiz en la clase de mecánica, que después fue mi cuñado.  Él tenía una hermana que se llamaba Yolanda, y eran hijos de Emilita y Miguel Armas (policía municipal). Óscar conoció a mi hermana Tania y se hicieron novios. Él se fue a Venezuela, donde estuvo unos años. Desde allí, se casó con Tania por el poder en la Iglesia de la Concepción. Yo hice de novio. Después Tania se marchó a Venezuela, y, cuando volvió, lo hizo con dos preciosas niñas,  Adita y  Emy. Yo  fui a  recibirlas  en el Aeropuerto de Los Rodeos cuando llegaron.  Tendrían como unos 5 y 3  añitos  aproximadamente.  Eran  guapísimas y aún  lo siguen siendo.   

Después, cuando volvió Oscar de Venezuela, nació  Mavy , que era también  preciosa y lista como una tea.  Es algo genético en la familia. Recuerdo cuando estábamos viviendo en Las Chumberas. Ella era muy pequeñita, estaba jugando en el suelo con sus juguetes y estaba pendiente de toda la conversación que hablábamos los mayores.

Óscar se quedó trabajando de mecánico en los talleres de los camiones Pegaso , después trabajó en  la fábrica de cigarrillos Philip Morris. Estuvimos en la Murga Ni Fu-Ni Fa unos cuantos años. Con ellos hicimos un viaje a Gijón (Asturias) y a Cádiz en los Carnavales de allí. 

También, dentro de la Ni Fu-Ni Fa, nos apuntamos en el grupo folklórico  "Los

Tajinastes"
.



Grupo Folklórico "Los tajinastes" (yo, agachado tocando la guitarra, y Óscar de pie, a la izquierda de Ángela)

      

En el Charco de la Casona y colgándonos del tranvía


Charco de la Casona
Al Barranco de Santos nos íbamos  a bañar en el Charco de la Casona que estaba en la parte baja del barranco.

Recuerdo que había un muro de lado a lado del barranco desde el  que nos tirábamos para bañarnos en el charco formado
Charco de la Casona 1897
por el agua del
 mar que entraba hasta allí, 
incluso habían anguilas;   luego se fue rellenando con la tierra y las piedras arrastradas por el agua de la lluvia que caía durante  el  invierno. Antes llovía mucho más que ahora.  Aquello  parecía un río de verdad.
   En el verano, salíamos caminando por el barranco hacia arriba como exploradores, y nos metíamos en una galería que había casi debajo de Las Asuncionistas. Nos hacíamos un faro con un bote de leche condensada y un trozo de vela dentro, y nos alumbrábamos en el interior, aunque entrábamos solamente unos cuantos metros hacia dentro, porque sentíamos un poco de miedo.  No sé  si todavía existe esa  galería.  

Debajo del Puente Galcerán, había huertas
de  plataneras a los lados del Barranco de Santos. 

Para regarlas había  un estanque grande debajo del puente, por el  lado de la calle Padre Anchieta  y San Sebastián,  por ese lado las huertas de plataneras llegaban hasta cerca de lo que es hoy el Puente Serrador.

Después del Barranco de Santos hacia el sur, había una  gran llanura era el Barrio de Los Llanos  (hoy Cabo-Llanos). Nosotros no nos
acercábamos hasta allí porque los chicos de aquel barrio nos tiraban piedras.

Dos tranvías en  la terminal del  Muelle de Santa Cruz
Algunas veces nos íbamos a la calle del Barranquillo para colgarnos del tranvía que bajaba por la calle del Sol hasta el muelle de Santa Cruz, o hasta que aparecía el cobrador y teníamos que bajarnos.  
El tranvía subía por la calle del Castillo  hasta la Plaza de Weyler,  paraba y seguía hasta la Plaza de La Paz,  La Cuesta, La Laguna y Tacoronte .

Allí cambiaban el trole que llevaba cogido de una cuerda y le daban la vuelta para volver a Santa Cruz.  Los tranvías tenían los mandos para conducirlos en cada extremo.

Tranvía con la jardinera de remolque donde venían las lecheras con la leche.
Terminal del tranvía en el Muelle de Santa Cruz

La Oficina  y  la parada de las guaguas  de  transporte público "Exclusivas" de color rojo,  que prestaban los servicios  para el Norte  y  el Sur de la Isla,  estaban ubicadas por debajo de la Plaza de Weyler , donde hoy está  la salida del aparcamiento  de coches,   entre las calles Puerta Canseco y la calle Imeldo  Seris , por encima de la calle Alfaro.

 Las exclusivas
Las guaguas tenían dos filas de asientos de madera en los laterales para los pasajeros que iban sentados y una barra en el techo para que se sujetaran los que iba de pié, también había un hilo de cuero que al tirar de él sonaba un timbre para avisar al conductor que parara en la siguiente parada,