Nací
el día 14 de Agosto de 1.929 en Santa Cruz de Tenerife, en la calle
Carmen Monteverde nº 9 -1º
piso, de una casa de tres plantas, en ella
vivíamos mis padres (Rodrigo y Plácida), mis abuelos (Cristóbal y Tomasa),
y mi tía Carmen, hermana de mi padre.
En
el 2º piso vivía un matrimonio bien acomodado: D. Leopoldo Fdez.
Trujillo (Joyero y Tasador de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad,
entonces situada en la calle Pérez Galdós frente al callejón del Combate), con
sus hijos Pepita, Orestes, Antonio, Maruca, Olga, Leopoldo, Rubén, Lourdes,
Néstor y César.
En el piso bajo vivían María y Antonio con sus hijos Concepción,
Victoria, Maruca, Antonio, Pepa, Luisa y Tita. Los padres eran de La Gomera. En
el piso bajo, antes de ser vivienda estuvo la Caja de Ahorros, por eso es por
lo que tiene tres puertas
de hierro plegables y la puerta
principal está por la calle Juan de Padrón, nº 4.
Delante de la puerta de entrada del edificio
por la calle Carmen Monteverde, era de tierra de unos tres metros aproximadamente
de ancho y había un muro de cemento que limitaba la calle: allí jugábamos a los
boliches y al trompo también.
En la casa al lado de la mía vivía Gregorio Montelongo y Carmela, con sus dos hijos,
Gregorio y Pepe, (Gregorio se hizo auxiliar sanitario, practicante), y se fue a Venezuela; Pepe era técnico de radio
y se colocó en la emisora de Radio Juventud.
Enfrente de mi casa por Juan de Padrón
vivía D. Manuel Trujillo y Dª Juana, con sus hijos, Manolo, Gonzalo, Fernanda, Alejandra y
Tony. El padre regentaba la "Funeraria Trujillo". La puerta daba a la calle Carmen Monteverde.
Frente a esa
puerta, se sentaba mi abuelo Cristóbal en la puerta de la fábrica de fideos
"La Panificadora", a fumar de su pipa y a contarme cuentos a mí, que estaba sentado sobre sus rodillas.
El edificio de la Panificadora cogía tres
calles: Santa Isabel (actual Carmen Monteverde), Juan de Padrón y Consolación (actual Puerta
Canseco). Por esta calle estaba la
puerta principal. Por la calle Juan Padrón solo había ventanas por las que se
veían caer los fideos saliendo de las
máquinas; todos los días se ponía
a ver salir los fideos, Gregorito, un chico de mi edad que estaba algo mal de la cabeza. Él se pasaba las horas
muertas con las manos detrás de la cabeza mirando salir los fideos.
Al lado de la casa de Dª Juana en la esquina a Calle Miraflores vivía D. José
Coello (era Tornero) y Dª Pilar Peña, con sus dos
hijos Pepe y Orestes. También vivían con ellos los hermanos de Dª Isabel: Falo,
Eva y Enrique. Frente de su casa, estaba
la fábrica de mosaicos " La Pumita "
y, por encima, había un terreno en el que se entrenaba el
equipo de baloncesto "El Campestre"; nosotros íbamos a
jugar a la pelota en aquel terreno. Entrábamos por una calle de tierra que había frente a la puerta
principal del Hospitalito de Niños. Allí
había, por el lado de arriba, un salón grande donde limpiaban y cuidaban a los
perros galgos para las carreras que se celebraban todos los Domingos en el
campo de futbol hoy "Heliodoro
Rodríguez López". Alrededor
del campo estaba la pista para los galgos, con una liebre mecánica y los cajones
desde donde salían los galgos, igual que en las carreras de caballos, se hacían
apuestas.
Al fondo de la calle, habían unos cuartos que servían como viviendas
a unas familias. Una de ellas era Vicente (taxista) y Antonia, con sus dos hijos Vicente y Yayo; en la otra vivía Antonio, que tenía un carro de mulas, con sus dos hijos Antonio "Antoné" y
Julián; en otro de los cuartos, era donde mi abuelo elaboraba el tabaco en
polvo: él iba por las fábricas de cigarrillos y recogía los residuos sobrantes de las
máquinas de cigarrillos, los metía en sacos
y los llevaba al cuarto. Allí, en una
caja grande con unas tiras de madera en los costados del cajón que hacían de
guías a una cernedera, dándole atrás y adelante, cernía el tabaco. Luego lo metía en aquellas latas que venían antes con las "galletas María"
y las vendía en los comercios; en aquella época se usaba mucho el esnifar el
tabaco en polvo por la nariz.
El
edificio del Hospitalito de Niños cogía una manzana completa entre las calles
Carmen Monteverde y la de Miraflores. En la parte baja estaba el cuarto
mortuorio y un jardín enrejado, y por Carmen Monteverde estaba la puerta de las "consultas
y curas".
Enfrente había una fábrica de sifones y gaseosas "Orange Crush", y por
encima de ésta, estaba el GURUGÚ (http://intheisland-gurugu.blogspot.com.es/2009/09/el-taller.html), que era un patio grande alrededor del cual había varios locales, talleres de herrería, carpintería, mecánica de coches, chapa y
pintura, etc. etc. y por encima estaba
el molino de gofio "15 de Mayo", un poco antes de llegar a lo que es
hoy la calle Alfaro.
El edificio del Hospitalito de Niños, por la
parte de arriba, era un solar amurallado que llegaba hasta lo que es hoy la calle Alfaro, que entonces
era una explanada donde había una parada de carros de madera con dos ruedas y
tirados por mulas, dedicados al
transporte de mercancías. Los carros tenían las barandas de madera, así como el pescante para el conductor; también los
había con dos tablones a lo largo para transportar barriles y toneles
grandes.
Un día pasé por allí y vi que había un corro de hombres, y
me acerqué a ver qué estaban haciendo. Y era que estaban cortándole las orejas a un perro de
presa, cuando sentí un golpe en la espalda y una voz que me decía "¡Fuera de aquí!". Un carrero era el que me había
dado con el látigo, salí corriendo como alma que lleva el diablo hasta llegar a
casa de mi tía Flora que vivía un poco más arriba por la calle Miraflores.
En la calle Juan de Padrón, frente a las
ventanas de la Panificadora, vivían D. Justo Serrano (policía Municipal) con su
señora Dª María Luisa Caballero y sus tres hijos Ismael, Luis y Meinardo.
A
Justo lo detuvieron cuando el Movimiento porque era de izquierdas, como a mi
padre. Estuvieron unos meses en los barcos que estaban fondeados en la bahía, y que los habían convertido en
cárceles, porque en tierra no había lugar donde meter a tantos presos. Después
los llevaron a Villa Cisneros (África), donde estuvieron varios meses. A mi
padre lo trajeron a Tenerife, a los
salones de Fyffes y a la semana siguiente, los presos que quedaron en África se
fugaron en el Correíllo
 |
| Correíllo Viera y Clavijo |
Viera y Clavijo,
se fueron a hacia el sur llegando a Dakar en el Senegal, que era colonia francesa y de allí se fueron a Francia.
Allí permanecieron algunos hasta que en España hubo una amnistía y pudieron
volver. Uno de ellos fue D. Justo Serrano. Cuando volvió a Tenerife junto a su
mujer, nació Marisa, que ya de mayor estudió enfermería, porque la última vez
que la vi fue en el Ambulatorio de Tomé Cano y
hace ya unos cuantos años de eso, no he vuelto a saber más de ellos.
Cuando Dª Mª Luisa se quedó sola con los
tres hijos, se dedicó a coser ropa de hombre y montó un pequeño comercio en uno
de los cuartos del Mercado al lado de la puerta principal. Con su trabajo logró darle estudios a cada uno
de sus hijos: Ismael estudió Ingeniería
química, se fue a Venezuela y estuvo unos años trabajando en una
refinería de allí, hasta que volvió a Tenerife; Luis estudió medicina "Pediatría", y se quedó ejerciendo
aquí, en Santa Cruz; y Meinardo estudió
abogacía.
En la calle
Miraflores, a partir de la fábrica de mosaicos "La Pumita" hacia
abajo, en las dos primeras casas, tanto a
la derecha como a la izquierda vivían
familias decentes, pero de ahí hasta la esquina de abajo eran casas de
prostitutas. Antes de llegar a la Calzada de la Noria estaba el Callejón
Olivera, que tenía aproximadamente unos 25 o 30 metros de largo y hacía un
ángulo recto hacia arriba (ver el mapa arriba) paralelo a la calle Miraflores.
En la esquina del Callejón Olivera y la Calzada de la Noria, había un chorro de agua
público; al otro lado de la Calzada la
Noria y siguiendo en la calle de Miraflores, hay un edificio de dos plantas que llega hasta donde hoy empieza el
Puente Serrador, en el que toda la planta baja son locales comerciales, en la
parte alta son ventanas de las viviendas a las que se tiene acceso por un pasillo cuya
entrada está justamente al final de la calle. Por la trasera de este edificio había un
terreno al que llegaba la gente que venía del campo con los burros y mulas, por lo que se le llamaba "El Potrero", que
llegaba desde la Calzada de la Noria hasta donde hoy se están aparcando los
coches debajo del puente Serrador. Estaba rodeado por un muro y se entraba a él
por la calle de La Noria.
La calle de la Concordia, por la parte de arriba,
eran salones que se empleaban como depósitos. Uno de ellos, el que estaba frente
a la Calzada de la Noria, contenía carbón; otro, maderas. La calle, al final, no
tenía salida, terminaba en el Barranco de Santos.
Precisamente, donde hoy empieza el puente
Serrador, estaba ubicado " El Tinglado"
que era una ampliación del Mercado viejo (Recova Vieja), formada por una estructura de hierro sin
paredes, solo cubierta por un tejado metálico, debajo del cual habían unos
mostradores de cemento con sus compartimentos donde se exponía la mercancía. Los
recuerdo bien porque muchas veces nos poníamos
de madrugada en unas colas interminables para poder comprar una "pesada" de papas
(2 kilos) por persona: era la época del hambre, después de que terminó la guerra civil.
http://memoriadesantacruz.blogspot.com/2014/12/la-antigua-recova.html
La
Recova Vieja fue inaugurada en 1854,
con una extensión de 1.860 metros cuadrados, se ubicó en la
prolongación de la calle Santo Domingo frente al costado del Teatro
Municipal "Guimerá",
tenía dos puertas de entrada una por la parte de arriba del
edificio y la otra en lo que es hoy la Plaza
Isla de la Madera, pasado el tiempo
aumentó la población y la Recova quedó pequeña, los puesto del
mercado aumentaron no cabían dentro y se fueron acomodando por
fuera en las calles adyacentes, por lo que tuvieron que instalar una
estructura de hierro que trajeron de Inglaterra, delante de la puerta
principal del Mercado en la misma plaza quedando como la pescadería,
las carnicerías por el costado frente al Teatro.
En la calle Valentín Sanz, estaba el fotógrafo Benítez, y a continuación, el periódico "La Prensa", "El Día". En la esquina con la calle Pérez Galdós estaba la librería "Castilla", y enfrente, en la esquina a la calle San José, estaba el bar "El Águila". Allí muchas veces cuando iba al colegio me encontraba con mi padrino de bautismo D. Enrique Lite, le besaba la mano, me daba la bendición y una peseta para caramelos.
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| Calle Norte o Valentín Sanz, esquina Calle San José |
Mis padrinos vivían en la calle del Pilar, esquina a San Lucas, frente al costado de la Iglesia. Yo, muchas veces iba a verlos. Mi madrina se llamaba Pilar. Eran de Madrid. No sé qué relación tenían con mis padres para apadrinarme. Una vez, estando en la casa, cogí una pistola pequeñita que había sobre la cómoda. Era de mi padrino, que era un jefe de la falange. Se asustaron al verme con la pistola en la mano y me la quitaron enseguida diciéndome: "¡Eso es peligroso! No se toca".
El hijo se llamaba también Enrique, era algo mayor que yo. Tenía en la azotea dos bicicletas: una más grande y más nueva. A mí me dieron la mas pequeña, y yo más contento que en unas Pascuas.
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