lunes, 31 de julio de 2017

Excursión  al  Teide en 1954

Cuando estaba trabajando en la Eléctrica (UNELCO), casi siempre cogía las vacaciones  durante  el verano.  En el año 1.954 las disfruté en el mes de Agosto y me fui de excursión al Teide con Martín, un compañero de trabajo bastante mayor que yo, que también había sido compañero de mi padre; entonces yo vivía en la calle Carmen Monteverde.


Rodolfo Coello en Fuente Joco


Salimos por la mañana en la guagua hasta La Laguna y desde allí caminando por la carretera hacia La Esperanza, nos paramos en "Fuente Joco"  (A) que estaba al pie de la carretera. Martín conocía bien el lugar porque había estado antes y me dijo: "Vamos, que te voy a enseñar donde está la verdadera fuente saliendo de la tierra". 

Trepamos la montaña  y, justo detrás, estaba la fuente saliendo de entre las piedras, el agua fresquita, formando un pequeño charquito donde se podía coger el agua  para beber .

Seguimos caminando hasta Montaña Blanca (B), donde paramos para comer y pasar la noche.

Salimos tempranito  por la mañana  y empezamos a subir al Teide, llegando a los "Huevos del Teide"  (C); ahí Martín se sintió fatigado y nos detuvimos para que descansara un rato. 

Martín

Mientras él descansaba, yo seguí subiendo hasta la altura del  refugio para preparar un poco de leche. Tan pronto como calenté, la leche bajé corriendo hasta donde estaba Martín, que seguía fatigado por el esfuerzo de la subida. Estaba descansando arrimado a una piedra. Cuando comenzó a beber la leche caliente, le salían de la frente chispas de sudor como si fuera un surtidor.  

Después de descansar un poco,  cogí el morral de Martín y comenzamos a subir hasta el refugio de Altavista (D), que estaba en construcción aún; limpiamos el corral de las boñigas de las bestias que subían con los materiales  de trabajo y nos preparamos para  pasar la noche. 

Recogimos las astillas de madera de tea esparcidos por el suelo para hacer un fuego para comer y mitigar el  frío tan intenso que hacía en aquella altura. Nos pasamos casi toda la noche tomando café y acurrucados uno contra el otro y tapados con la manta, hasta que amaneció y subimos al pico para ver la salida del sol. 



A continuación bajamos hasta encontrar una fuente de agua que a pleno sol estaba fría: más que fría, estaba helada.  Seguimos hasta la Cueva del Hielo, luego bajamos hasta  los Roques de García (E) y el Valle Ucanca (F). Seguimos  hasta la casa del caminero  Juan Évora (G), que  está en la bifurcación de la carretera a Vilaflor y   las Cañadas, allí medio me arregló el zapato que se me había descosido y pasamos
aquella
 noche allí con Juan Évora.

Al  día siguiente nos despedimos y salimos  para bajar hasta Chirche (F),  pero por la cañada se me declavó el zapato y tuve que tirarlos y empecé a caminar descalzo. 

Le dije a Martín que siguiera él solo hasta Chirche  y  me comprara unas alpargatas, y  yo le esperaba en las tanquillas de distribución de agua, que estaban  antes de llegar.  Yo me quedé solo caminando por sobre las piedras que encontraba, porque cada vez que tropezaba con un brazo de lava me tenía que parar y caminar muy despacio, hasta que encontré unas gomas de alpargatas y pude fabricarme con un trozo de hilo de embalar que llevaba en el morral unos patines, le hice un agujero en la punta de cada goma y pasando el hilo por el dedo gordo podía caminar despacito pero adelantaba algo, hasta que terminaba el brazo de lava  y entonces volvía a saltar de piedra en piedra más deprisa,  mientras me entretenía cogiendo ramas de orégano y llenando el morral.

Me alegré cuando vi a un hombre con una mula que, al verme caminando descalzo, se compadeció de mí,  pero se disculpó porque no me podía ayudar, ya que la bestia venía cargada. Yo le dije que mi compañero había bajado hasta Chirche para traerme unas alpargatas y que yo le esperaba en las tanquillas de distribución de agua. Me dijo: "Lo siento,  pero no puedo ayudarlo. Yo se lo diré a su amigo cuando lo vea en Chirche".

Seguí solo hasta que llegué a las tanquillas y allí me senté a esperar.  Al rato de estar allí sentado, pasó un cabrero que precisamente vivía por detrás de donde yo estaba, y me invitó a su casa, pero le dije que yo no podía andar porque tenía los pies hinchados. Fue a su casa y vino con su hijo, y entre los dos me llevaron sentado sobre sus brazos. Me invitó con una taza de leche recién ordeñada y mandó al hijo hasta Chirche y me trajo las alpargatas. 

Me despedí dándole las gracias y comencé a caminar por encima de la atarjea , porque cuando ponía los pies sobre alguna piedrita el dolor me podía.

Al fin llegué a Chirche, a la venta donde me estaba esperando Martín, la gente al verme decía: "¿Pero cómo pudo llegar hasta aquí ?" 

Nos tomamos un vaso de vino y seguimos hasta Guía de Isora (H). Nos quedamos en la pensión hasta el día siguiente, que cogimos la guagua para volver a Santa Cruz.




        

jueves, 22 de junio de 2017

Alameda Duque Santa Elena y Calle Castillo


La Alameda fue construida en el año 1787. Lo que yo recuerdo de la Alameda, no tiene nada que ver con la fachada que tiene la fotografía.



Lo que recuerdo es que en el lado izquierdo de la Alameda
había un kiosco de unos 4 ó 5 metros cuadrados aproximadamente que se llamaba
"Los Paragüitas". Tenía por el lado derecho unas mesas con los parasoles, y la fachada de la Alameda era una réplica del original:

Esta foto (a la derecha), es como yo conocí la Alameda del Duque de Santa Elena, con Los Paragüitas, yel edificio blanco pegado a los árboles es la trasera de "Intendencia".
A la izquierda de la foto se pueden ver las casas de la calle La Marina. En la primera casa, por debajo del muro, estaba la Casa Hamilton allá por el año 1940. Y al fondo, lo que parece un castillo, es el Cuartel de Ingenieros, y enfrente estaba la parada de las guaguas que iban a San Andrés. En la casa que se ve de color más claro, mi madre puso un estanco de cigarros, dos casas antes de llegar a la calle Emilio Calzadilla y allí mismo ella hacia los cigarros puros que vendía.



En la
Plaza de la Constitución hoy (Pza. de la Candelaria) , estaba ubicado el edificio del Gobierno Civil. Allí empezó en Julio del año 1936 el tiroteo cuando el levantamiento en contra del Gobierno de la República.

En la calle del Castillo esquina a la calle de San Francisco estaba la Droguería Espinosa y al lado el Café La Peña , en la esquina de Castillo con calle Cruz Verde , estaba Peceño un almacén de trajes de caballero.

Más arriba, en la esquina de la calle San Pedro Alcántara, estaba la Peletería León y al lado, la Farmacia Serra (creo que la más antigua de Santa Cruz). El farmacéutico era un señor moreno, de ojos grandes y adormilados, bajito y algo regordete. Siempre llevaba puesto un batín blanco.

Calle Castillo. 1936. Foto de Eladio Francisco
Más arriba estaba el comercio de Las Tres Muñecas; en la esquina de Valentín Sanz estaba la Droguería Ayala, que tenía la pared de azulejos con dibujos de un pescador con un salmón colgando del hombro; en la esquina de enfrente estaban los almacenes El Globo; algo más arriba estaba la Compañía Telefónica que luego la pasaron a la calle de Teobaldo Power; en ésta misma calle, frente de la Telefónica,  estaba el Conservatorio de Música:  y al lado, en la esquina de Pèrez Galdós;  la Clínica Fariña; en la esquina a calle del Castillo estaba el taller de las Máquinas Singer;  y enfrente, en la otra esquina, estaba la Ferretería de Acevedo.

La calzada ó suelo de la calle del Castillo era toda de adoquines y con los rieles del tranvía. Lluego asfaltaron toda la calle por encima y dejaron los rieles del tranvía tapados o enterrados.

En la esquina de la calle Juan Padrón con la de Imeldo Serís estaba la Sastrería El Faro. Y por debajo de la sastrería, había un taller en el que arreglaban las cocinillas de petróleo ó "infiernillos".





viernes, 16 de junio de 2017

Escuelas de mi infancia y juventud

La primera escuela a la que fui era la de Dª Angelita en la calle Carmen Monteverde. Mis
primeros libros fueron la Cartilla y el Catón. Allí aprendí a deletrear.

 Después fui a la escuela de Dª Carmen en la calle de Canales, que actualmente es Ángel Guimerá.

Luego, aprovechando la Ley que impuso el Gobierno, para que los colegios acogieran gratuitamente a los huérfanos, me pusieron en la escuela de Dª Marcela cita en la calle Santa Rosalía esquina a la calle Santa Rosa de Lima. También pusieron a mi hermana Maruja.

Mi madre conmigo y mi hermana.
Foto privada Familia Coello Peña
Allí estuvimos unos años. Pero como yo era medio golfillo, y me fugaba a cada momento, Dª Marcela me castigaba dejándome en el patio desde por la mañana hasta las ocho de la tarde. 

Maruja me traía el almuerzo, pero Dª Marcela le ordenaba a la sirvienta que no me la diera hasta que ella llegara. La pobre mujer sufría al verme y me decía: "Lo siento mi niño, pero no puedo darte nada".  El patio tenía una puerta trasera que daba a la calle Santa Rosa de Lima, y por allí salía yo, cuando terminaba el castigo, y me iba a mi casa.

Dª Marcela tenía un puntero largo , para señalar las distintas naciones en el mapa grande que estaba colgado en la pared, pero ella lo empleaba con frecuencia para darle un golpe en la cabeza por la parte más gruesa al  alumno que cogía hablando con otro. 

Había dos aulas: una, la mayor, en la que daba clases  Dª Marcela, y en la otra, daba clases Dª Carmita. Esta era una profesora muy buena y cariñosa que daba gusto estar con ella. Yo me sentaba en la sillita que estaba en la puerta entre las dos aulas, porque así lo ordenó Dª Marcela para tenerme bajo su control. Más de una vez me dejó caer el puntero por la parte gruesa sobre de mi cabeza, era de la vieja escuela. Cuando uno no se sabía la lección, le daba un par de reglazos en la mano, tenía muy mala uva.

Silvia era una chica algo gordita que, cada vez que entraba en el aula y como yo estaba sentado en la puerta, me daba en la espalda un golpecito, yo no podía hacer nada porque ella seguía caminando hasta su sitio y no me daba tiempo, pero un día que volvió a darme el golpecito, la sillita de ella estaba delante de la mía y aproveché la ocasión para vengarme: cuando se fue a sentar le quité la silla con el pie  y se mandó un tremendo culazo en el suelo; aquella fue la ocasión que aprovechó Dª Marcela para escribir en la pizarra: "El alumno Rodolfo Coello  queda  expulsado de la escuela".  Yo metí mi porta-libros bajo el brazo y salí pitando para mi casa.

También estuve en el Colegio Público de la calle de La Rosa esquina a calle San Antonio. Junto a la puerta de entrada, había un jardín que estaba protegido por una verja de hierro hasta la casa de al lado;   el aula tenía tres ventanas que daban al jardín, la otra aula daba al patio donde salíamos al recreo;   allí estuve poco tiempo.

Mi madre, habló con D. Ramón, un amigo de mi padre, que era  profesor en la Academia de D. Gregorio Martínez, situada en la calle Bernabé Rodríguez ,y allí seguí estudiando hasta que estuve preparado para ingresar en la Escuela de Comercio donde solo hice hasta  1º de comercio,  pero  tuve que dejarlo para ir a trabajar a  la Unión Eléctrica de Canarias (UNELCO) donde entré como aprendiz.

En aquella época las Empresas enviaban a los aprendices a la  Escuela de Formación Profesional que estaba ubicada en la Plaza Isla de la Madera, en el edificio de la antigua Recova Vieja que había quedado vacía cuando hicieron el  Mercado de Nuestra Señora de África en la calle San Sebastián.   

Yo estaba en la clase de electricidad y allí conocí a Óscar, que también estaba de aprendiz en la clase de mecánica, que después fue mi cuñado.  Él tenía una hermana que se llamaba Yolanda, y eran hijos de Emilita y Miguel Armas (policía municipal). Óscar conoció a mi hermana Tania y se hicieron novios. Él se fue a Venezuela, donde estuvo unos años. Desde allí, se casó con Tania por el poder en la Iglesia de la Concepción. Yo hice de novio. Después Tania se marchó a Venezuela, y, cuando volvió, lo hizo con dos preciosas niñas,  Adita y  Emy. Yo  fui a  recibirlas  en el Aeropuerto de Los Rodeos cuando llegaron.  Tendrían como unos 5 y 3  añitos  aproximadamente.  Eran  guapísimas y aún  lo siguen siendo.   

Después, cuando volvió Oscar de Venezuela, nació  Mavy , que era también  preciosa y lista como una tea.  Es algo genético en la familia. Recuerdo cuando estábamos viviendo en Las Chumberas. Ella era muy pequeñita, estaba jugando en el suelo con sus juguetes y estaba pendiente de toda la conversación que hablábamos los mayores.

Óscar se quedó trabajando de mecánico en los talleres de los camiones Pegaso , después trabajó en  la fábrica de cigarrillos Philip Morris. Estuvimos en la Murga Ni Fu-Ni Fa unos cuantos años. Con ellos hicimos un viaje a Gijón (Asturias) y a Cádiz en los Carnavales de allí. 

También, dentro de la Ni Fu-Ni Fa, nos apuntamos en el grupo folklórico  "Los

Tajinastes"
.



Grupo Folklórico "Los tajinastes" (yo, agachado tocando la guitarra, y Óscar de pie, a la izquierda de Ángela)

      

En el Charco de la Casona y colgándonos del tranvía


Charco de la Casona
Al Barranco de Santos nos íbamos  a bañar en el Charco de la Casona que estaba en la parte baja del barranco.

Recuerdo que había un muro de lado a lado del barranco desde el  que nos tirábamos para bañarnos en el charco formado
Charco de la Casona 1897
por el agua del
 mar que entraba hasta allí, 
incluso habían anguilas;   luego se fue rellenando con la tierra y las piedras arrastradas por el agua de la lluvia que caía durante  el  invierno. Antes llovía mucho más que ahora.  Aquello  parecía un río de verdad.
   En el verano, salíamos caminando por el barranco hacia arriba como exploradores, y nos metíamos en una galería que había casi debajo de Las Asuncionistas. Nos hacíamos un faro con un bote de leche condensada y un trozo de vela dentro, y nos alumbrábamos en el interior, aunque entrábamos solamente unos cuantos metros hacia dentro, porque sentíamos un poco de miedo.  No sé  si todavía existe esa  galería.  

Debajo del Puente Galcerán, había huertas
de  plataneras a los lados del Barranco de Santos. 

Para regarlas había  un estanque grande debajo del puente, por el  lado de la calle Padre Anchieta  y San Sebastián,  por ese lado las huertas de plataneras llegaban hasta cerca de lo que es hoy el Puente Serrador.

Después del Barranco de Santos hacia el sur, había una  gran llanura era el Barrio de Los Llanos  (hoy Cabo-Llanos). Nosotros no nos
acercábamos hasta allí porque los chicos de aquel barrio nos tiraban piedras.

Dos tranvías en  la terminal del  Muelle de Santa Cruz
Algunas veces nos íbamos a la calle del Barranquillo para colgarnos del tranvía que bajaba por la calle del Sol hasta el muelle de Santa Cruz, o hasta que aparecía el cobrador y teníamos que bajarnos.  
El tranvía subía por la calle del Castillo  hasta la Plaza de Weyler,  paraba y seguía hasta la Plaza de La Paz,  La Cuesta, La Laguna y Tacoronte .

Allí cambiaban el trole que llevaba cogido de una cuerda y le daban la vuelta para volver a Santa Cruz.  Los tranvías tenían los mandos para conducirlos en cada extremo.

Tranvía con la jardinera de remolque donde venían las lecheras con la leche.
Terminal del tranvía en el Muelle de Santa Cruz

La Oficina  y  la parada de las guaguas  de  transporte público "Exclusivas" de color rojo,  que prestaban los servicios  para el Norte  y  el Sur de la Isla,  estaban ubicadas por debajo de la Plaza de Weyler , donde hoy está  la salida del aparcamiento  de coches,   entre las calles Puerta Canseco y la calle Imeldo  Seris , por encima de la calle Alfaro.

 Las exclusivas
Las guaguas tenían dos filas de asientos de madera en los laterales para los pasajeros que iban sentados y una barra en el techo para que se sujetaran los que iba de pié, también había un hilo de cuero que al tirar de él sonaba un timbre para avisar al conductor que parara en la siguiente parada,









martes, 23 de mayo de 2017

Arci

Conocí a Arcy en el año 1956, en una fiesta de cumpleaños de su amiga Noelia. Fui
acompañando a mi amigo y compañero de trabajo Arístides Carballo, que salía con Chelo, la hermana de Noelia.

Una vez, en una escapada, nos fuimos los cuatro a la playita que está al lado del Balneario, frente a la estación de la locomotora que transportaba la piedra de la cantera en Mª Jiménez al Muelle de Ribera, que estaba en construcción en esa época.

Después, cuando formalicé la relación, conocí a su familia que estaba en Igueste de Candelaria, en la zona conocida como "La Jiménez". 

Familia paterna de Arcy:


El abuelo paterno que se llamaba Vicente, era un señor bajito que casi siempre estaba sentado por tener dolores en las piernas. A la abuela no la llegué a conocer. Tuvieron ocho hijos: Vicente, Celedonio, Pablo, Manuel, Antonia, Josefa, Dominga y María.

Vicente y Celedonio, cuando eran jóvenes, se fueron a Cuba a trabajar.  Allí Vicente se casó con Modesta Rocha, y tuvieron dos hijos: Ángel y Pedro. Pasados unos años, regresó a Tenerife.

Ángel se casó con Eneda y tuvieron dos hijos, Magaly y Ángel. Pedro se casó con Ñengo y tuvieron dos hijos, Pedro y Misleidy.

Familia materna de Arcy:



Los abuelos maternos de Arcy vivían en la zona llamada "La Morra". Se llamaban  José y Matilde, y tuvieron cuatro hijos: José, Amalia, Carmela y María (esta última murió siendo  muy joven y no la conocí).

José se casó con Rosalía y tuvieron tres hijos: Santiago, María y José. Amalia se casó con Vicente, y tuvieron dos hijos:  Arcy  y Pepito.  A  Pepito, cuando solo tenía cinco años, (entonces vivían en la Vuelta de los Pájaros), al pasar por la cocina se le volcó encima un caldero de agua hirviendo y a consecuencia de ello murió. Carmela se casó con Andrés Pestano. De ellos nació Ángeles, hija única, que se casó con Ventura y tuvieron a Wiliam .
Linda, Rodolfo, Arcy, Amalia y Vicente

Me casé con ( Arcy ) Marina Alcibina Jiménez Marrero, el 7 de Diciembre de 1957, celebrándose la boda en el "Circulo de Amistad XII de Enero" (El Recreo), nos fuimos en viaje de novios por el interior de Tenerife,  porque el presupuesto no era muy boyante. Así que empezamos por La Laguna, nos hospedamos en el Hotel Aguere;

después seguimos por el norte hasta Icod de los Vinos, y  nos quedamos en la pensión "Casa Gloria", que estaba situada en la esquina derecha, por debajo de la plaza principal de Icod; después seguimos hasta Guía de Isora, allí pasamos un par de días; y luego regresamos de vuelta a casa.  No teníamos coche todavía, y todo el recorrido lo hicimos en transportes públicos a base de guaguas, pero lo pasamos muy bien.


Los padrinos de la boda fueron  Santiago Vivas y Carmen. Tenían un hijo que se llamaba Santiago. Vivían en la calle Porlier, casi al final de la calle, bajando a la derecha, por debajo del bar Las Almendritas.

Santiago Vivas, era el encargado del personal de ELECTRO-RADIO, un comercio de material eléctrico situado en la calle San José (Bethencourt Afonso). Hoy es toda  peatonal, por debajo de la plaza Alférez Provisional (hoy, plaza del Chicharro). Enfrente estaba el taller fotográfico de Garriga.

El día 2 de Noviembre del año 1958 nació Ana Isabel (Anabel), en la Clínica de Llabrés
Clínica Llabrés
, situada en la calle San Sebastián esquina a Padre Anchieta. 


El día 2 de Diciembre del año 1962 nació Rodolfo Vicente (Rody), en la Clínica Bañares, situada en la calle 18 de Julio esquina a la calle Álvarez de Lugo. El padre de Arcy  no lo llegó a conocer, se había muerto el año anterior.

Los padres de Arcy eran,  D.Vicente Jiménez León (policía municipal y Rematador de galerías) y  Dª Amalia Marrero Coello, ambos nacidos en Igueste de Candelaria, donde residía toda la familia (en la zona "La Jiménez" la familia del padre )  y  ( en la zona "La Morra" la familia de la madre ).




domingo, 21 de mayo de 2017

Mi vida en la Marina (1949)

      Lo que me llevó a inscribirme en la Comandancia de Marina, para hacer el servicio militar obligatorio por la marina, y no por tierra, cuando cumpliera los 19 años  reglamentarios.

Cuando tendría unos 17 ó 18 años, salía con unos compañeros del barrio. Se incorporó

al grupo, un amigo de uno de ellos, que era marinero voluntario. Llevaba como tres o cuatro años de servicio militar y tenía la graduación de cabo. Estaba gozando del permiso reglamentario que le habían concedido, y salía con nosotros.

Nos contaba las batallitas que, según él, le ocurrían. Entre otras cosas, cómo se pasaban  los días en el Cuartel de Instrucción. Nos contó que el servicio militar de marina se dividía en 4 cursos de instrucción (de 3 meses cada curso),  y que unos eran mejor que otros, según el tiempo meteorológico, la instrucción era más dura y que, según él, el primer curso era el mejor, más cómodo ( Enero, Febrero y Marzo); sin embargo, para los mandos era como un castigo para los reclutas que no se presentaran en la Comandancia cuando les citaran (eran considerados como prófugos), y los destinaban en el primer curso. Yo hice eso, y efectivamente me llamaron en el primer curso; eso me costó pasar unas horas en un calabozo de la Comisaría, por no presentarme cuando me citaron.

Vino la policía a mi casa a medianoche a la una de la madrugada. El susto fue  tremendo: mi madre preocupada, yo decía: "¡Pero si yo no he hecho nada malo!". El policía le dijo que era por no haberme presentado a la citación en la Comandancia de Marina. Aunque le dije al policía que yo iría al día siguiente a presentarme, no me hicieron caso y tuve que acompañarlos en el coche. También cogieron a otro que, como yo, hizo lo mismo (era Pedro el marido de Aída),  y nos encerraron en el calabozo de la Comisaría, hasta el día siguiente, que nos llevaron a la Comandancia de Marina.    

La Comisaría de Policía estaba en los sótanos del Gobierno Civil  en la  Plaza de La Constitución (hoy  Plaza  de la Candelaria). Se entraba a la Comisaría, por  la calle  Bethencourt Afonso (antes San José), que estaba a un nivel más bajo que la Plaza de La Candelaria, por debajo del edificio donde estaba la  Joyería Kohinoor,  en la esquina de la calle San Francisco.

Este marinero, ya veterano, nos dijo cómo le habían enseñado a saludar a los oficiales, con un movimiento enérgico de la mano, y esa fue una de las cosas que aproveché para mi beneficio cuando me incorporé en el Cuartel de Instrucción de la Marina.

Ruta 1 (1 Enero al 28 Mayo)

A finales de Diciembre del 48, me llamaron, y el día

primero de Enero, a las 3 de la tarde, embarcamos todos los reclutas en el vapor Ciudad de Alicante. Nos alojaron a todos en la cubierta interior del barco, sentados en el suelo con las maletas, como pudiera cada uno. Llegamos a Las Palmas y, a las 12 de la noche, volvimos a zarpar con dirección a Cádiz, en las mismas condiciones: acostados sobre unos jergones dormimos los que podían hacerlo. 


Por la mañana empezó a moverse el barco demasiado, el mar agitándose cada vez más fuerte: teníamos encima un temporal. Comenzamos a devolver lo poco que habíamos comido. Yo era el que más mareado estaba: era la primera vez que navegaba. ¡Menuda experiencia! 

El barco se balanceaba cada vez más. Se acostaba tanto que las personas y las maletas de los reclutas salían despedidas hacia el otro lado. Yo estaba agarrado a la base de madera de una piedra de amolar que había sujeta al suelo, y eso me impidió que también me deslizara a los lados. 

Incluso se desprendió una nevera grande que había en una de las paredes. No hubo desgracias de milagro. Los marineros del barco pudieron sujetarla, pero fue algo terrible.  Un amigo me ayudó, porque tenía un familiar trabajando en el barco, y me llevó a un camarote, donde pasé las noches mareado y devolviendo lo poco que comía, pero mucho mejor.   

Tardamos en llegar a Cádiz cuatro días. El temporal nos había desviado hasta la altura de Huelva, según se comentaba. Cuando llegamos a Cádiz y desembarqué, para mí el muelle seguía moviéndose como si yo estuviera subido en el barco todavía. 
Salimos  de  Cádiz  para  el  cuartel  de  instrucción que estaba  en  San Fernando. 

Al llegar al cuartel me  destinaron a la 5ª  brigada, rancho 11, número 5. Era un barracón largo en el que había literas dobles. A mí me tocó la de arriba y una taquilla para poner las cosas. También nos entregaron dos uniformes de dril de color gris de faena, un gorro de punto, cuatro camisetas blancas de cuello redondo, cuatro calzoncillos, dos trajes blancos de dril, dos trajes de lana azules, un par de botas de cuero virado (las botas de paseo o de vestir nos la dieron a mediados del curso), el lepanto (gorro marinero), el peto, el tafetán (corbata negra ), y  a la mañana siguiente empezaron con la instrucción oral.

Nos sentábamos en el suelo formando un círculo. El instructor era un brigada al mando, un sargento y un cabo, que nos iban explicando las distintas graduaciones de los jefes, porque teníamos que ir memorizando los distintos aspectos de los galones, alférez , tenientes, capitanes, comandantes de fragata y de navío, contraalmirantes y almirantes para saber distinguirlos, y nos hacían saludar, y ese fue el momento que aproveché para saludar como me había dicho en Tenerife el veterano cabo marinero.

Cuando me tocó el turno a mí, saludé llevándome la mano con rapidez y energía, vibrando al lado derecho de la frente, el brigada dijo: "Así es como se debe saludar a un mando superior".  Y desde ese momento serví de modelo a los demás, cuando les pedían que saludaran.

También en la instrucción me destaqué en las marchas, porque sabía llevar bien el paso al ritmo de marcha, en los desfiles delante como gastador.  Por ello me impusieron un galón verde en forma de ángulo sobre el antebrazo izquierdo como distinguido;  fui de los 15  primeros reclutas  en salir a la calle de paseo por las calles de San Fernando; las botas de instrucción eran de cuero virado y tuve que rasparlas y pintarlas de negro y  abrillantarlas para poder salir a la calle, porque las botas de paseo, no nos las dieron hasta mediado el periodo de instrucción.     
 
En los tres meses que duró la instrucción, solo hice dos puestos de guardia: el primero en una garita cerca de la puerta principal y el segundo la  hice de cabo  en el cuerpo de guardia. La misión que tenía era distribuir a los otros compañeros de guardia por los distintos puestos y recoger a los que estaban en sus puestos, haciendo el relevo cada tres horas.

En el cuartel de instrucción, después de los ejercicios, nos reuníamos en el patio los más conocidos a charlar y comentar las incidencias del día. Tengo una fotografía del grupo que siempre estábamos juntos, con los trajes de faena de color gris y el gorro de punto, sentados en los escalones que habían para subir a la cantina donde comprábamos pan de higo y manteca colorada para untar en el pan.

Un día me desapareció el lepanto (gorro del marinero). Alguien se lo llevó y tenía que buscarme
Letrina
uno de cualquier manera para que no me arrestaran:  me fui a las letrinas del cuartel y allí estaba un marinero haciendo sus necesidades, muy cerca de la puerta porque aquello estaba lleno. Imagínate cuántas personas habían pasado antes por allí,  (el cuartel lleva 1500 reclutas en cada curso de tres meses). Como él  estaba agachado y tenía la cabeza fuera de la puerta, le cogí el lepanto y lo empujé, él se cayó de culo dentro de todo aquello.  Me imagino cómo se había quedado. El pobre no pudo ver quién le había empujado. Así recuperé yo mi lepanto y evité el consiguiente arresto; las cosas que estaría diciéndole al que lo empujó, por eso yo decía para mis adentro, a la tuya por si acaso (lo siento pero cada uno se salva como puede). 

Cuando terminó el periodo de  instrucción, empezaron los destinos a los distintos puntos de España, y vi cómo salían casi todos los canarios para Canarias y para la Guinea, y a mí no me nombraban. Pensé que me dejaban en el  cuartel como instructor, como habían hecho el año anterior con los marineros del último curso;  cuando solo quedábamos pocos en aquel patio, me llamaron junto con otros tres, a un gallego, a un vasco y a un catalán, y nos destinaron a Madrid, al Ministerio de Marina. ¡Qué alegría! Porque es de los mejores destinos que hay en la marina.  

Al presentarnos en el Ministerio, yo había dicho que era electricista y me destinaron al taller de electricidad. Al mando del taller estaba un teniente de navío. Me incorporé con otros marineros. En total éramos seis en el taller: tres vascos, un gallego, un cántabro y yo.

Por estar en el taller eléctrico, nos rebajaron de las guardias militares en las distintas dependencias del ministerio. Solo hacíamos trabajos de electricidad en los distintos departamentos cuando faltaba la corriente eléctrica por averías y los trabajos que se hacían dentro del taller.

En Madrid, lo pasábamos muy bien por las tardes, cuando salíamos a pasear por el Retiro (que nos quedaba muy cerca del Ministerio de Marina), con las marmotas "sirvientas". Les gustaba oír la forma de hablar que yo tenía. Cuando les dije que era de Tenerife,  del archipiélago canario,  no lo podían creer: se extrañaban del color rubio de mi pelo, porque tenían la creencia, de que los canarios éramos todos negros (en la península, sobre todo en aquella época, la clase obrera tenía muy poca cultura).  Solo pensaban que las Islas Canarias, por estar en la costa de África, eran todos negros.
Minador Marte

Hablando con un marinero veterano, me decía  que en Madrid el calor solía llegar a los 40º  y más, durante todo el verano, y no lo pensé mucho tiempo: solicité una permuta para Canarias.  Tan pronto como pedí la permuta, un madrileño que estaba en Canarias pidió cambiarse conmigo, y a finales del mes de Mayo, me arreglaron los papeles, el billete hasta Cádiz y el pasaje para Canarias. Llegué a Las Palmas a las cinco de la tarde del día 23 de Mayo de 1949 y en la Base Naval me destinaron al minador Marte.

Me entregaron un coy "hamaca", consiste en una lona de 2 metros de largo y los cabezales de un
metro aproximadamente, que llevan una pieza de madera en los cabezales  para evitar que se plieguen.  Tienen  varios ojetes, de los cuales salen unas bolinas que se unen a una argolla de hierro que sirve para poder colgar el coy de un gancho de pared a pared, así que dormíamos colgados y por las mañanas, al despertar, lo primero que se hacía era descolgar el coy y amarrarlo y apoyarlo en la pared junto a los demás.

Me destinaron al pañol de electricidad. Allí conocí a tres andaluces a los que llamaba por su procedencia: uno de Sevilla, otro de Huelva y el otro de Málaga. Ellos a mí me llamaban el canario. Hicimos buenas migas.

Mi destino de trabajo era el proyector de la derecha, la misión que tenía era su limpieza y mantener bien brillantes todos los metales que tienen los proyectores.

  


Ruta 2 (28 Mayo al 17 Julio)

El primer día de navegación fuimos a Tenerife. Al día siguiente, salimos rumbo a Cádiz, donde estuvimos en La Carraca durante 20 días, casi todo el mes de Junio de 1.949.

Sobre el día 20, aproximadamente, embarcaron para hacer el servicio militar los componentes de las Milicias Universitarias y hacer las prácticas. Así comenzó el recorrido por los distintos puertos de la península:  Vigo, Santander, El Ferrol.

En el regreso pasamos por la isla de Madeira y seguimos navegando hasta La Palma, llegando el 17 de Julio a la desembocadura de la lava del volcán San Juan, fondeamos frente mismo a la caída de la lava en el mar. El espectáculo era maravilloso: al tocar la lava el agua  se producía un ruido tremendo y se elevaba una enorme columna
Desembocadura del Volcán de San Juan
de vapor que impedía ver la tierra, por la ladera se veía un río rojo de lava, sobre todo por la noche. Era precioso: estábamos fondeados a unos cien metros más o menos de la orilla y uno de los cocineros lanzó un cubo amarrado a una cuerda para coger agua, y estaba tibia.

Al día siguiente salimos para Tenerife, donde estuvimos dos días; después a Las Palmas. En todos los puertos estábamos 2 o 3 días, y así podíamos salir un día a tierra y otro de guardia. El siguiente puerto fue Ceuta. Luego salimos para Palma de Mallorca, de allí a Tarragona, después a Cádiz y La Carraca, de vuelta a Tenerife un par de días y a Las Palmas.

 El 17 de Agosto salimos para Vigo, el 22 para Cartagena: allí estuvimos hasta final de mes y
luego fuimos a Tarragona, donde estuvimos otros 3 días, otra vez salimos para Cádiz y a Las Palmas, el día 17 de Septiembre me dieron el permiso reglamentario y los pasé en Tenerife.

Me reincorporé al Minador Marte el día 9 de Octubre, y salimos el día 12 para Sidi Ifni  (África) donde fondeamos; volvimos a Lanzarote y estuvimos en Arrecife fondeados hasta el 21, que volvimos a Las Palmas. El día 6 de Noviembre salimos otra vez para La AgüeraVilla Cisneros , Cabo Juby y de vuelta a Las Palmas, Tenerife, La Palma. 

El 4 de Diciembre fondeamos dos días en Tazacorte y después salimos para La Gomera, estuvimos un par de días y, de nuevo, regreso a Las Palmas.   


Ruta 3 (18 Julio - 12 Agosto)

Con el segundo grupo de milicianos, volvimos a recorrer casi el mismo itinerario que el anterior, visitando otros puertos como Tarragona, Mallorca, Cartagena, Ceuta, Ferrol, Santander, Vigo, Tenerife y Las Palmas, hasta que me licenciaron en el año 1951 y volví a trabajar en la UNELCO.



Ruta 4 (14 Agosto - 9 Octubre)


























Ruta 5 (12 Octubre - 1 Enero 1950)