Lo que me llevó a inscribirme en la
Comandancia de Marina, para hacer el servicio militar obligatorio por la marina, y no por tierra, cuando cumpliera los 19 años
reglamentarios.
Cuando tendría unos 17 ó 18
años, salía con unos compañeros del
barrio. Se incorporó
al grupo, un amigo de uno de ellos, que era marinero
voluntario. Llevaba como tres o cuatro años de servicio militar y tenía la
graduación de cabo. Estaba gozando del permiso reglamentario que le habían
concedido, y salía con nosotros.
Nos contaba las batallitas que, según
él, le ocurrían. Entre otras cosas, cómo se pasaban los días en el Cuartel de Instrucción. Nos contó que el servicio militar de marina se
dividía en 4 cursos de instrucción (de
3 meses cada curso), y que unos eran mejor que otros, según el tiempo
meteorológico, la instrucción era más
dura y que, según él, el primer curso era el mejor, más cómodo ( Enero,
Febrero y Marzo); sin embargo, para los mandos era como un castigo para los reclutas que no se presentaran en la
Comandancia cuando les citaran (eran considerados como prófugos), y los destinaban
en el primer curso. Yo hice eso, y
efectivamente me llamaron en el primer curso; eso me costó pasar unas horas en un calabozo
de la Comisaría, por no presentarme cuando me citaron.
Vino la policía a mi casa a medianoche a la
una de la madrugada. El susto fue tremendo: mi madre preocupada, yo decía: "¡Pero si yo no he hecho nada malo!". El policía le
dijo que era por no haberme presentado a la citación en la Comandancia de Marina. Aunque le dije al policía que yo iría al día siguiente a presentarme, no
me hicieron caso y tuve que acompañarlos en el coche. También cogieron a otro
que, como yo, hizo lo mismo (era Pedro el marido de Aída), y nos encerraron en el calabozo de la
Comisaría, hasta el día siguiente, que nos llevaron a la Comandancia de Marina.
La Comisaría de Policía estaba en los sótanos
del Gobierno Civil en la Plaza de La Constitución (hoy Plaza
de la Candelaria). Se entraba a la
Comisaría, por la calle Bethencourt Afonso (antes San José), que estaba a un nivel más bajo que la Plaza de La Candelaria, por debajo del edificio donde estaba la Joyería Kohinoor, en la esquina de la
calle San Francisco.
Este marinero, ya veterano, nos dijo cómo le habían
enseñado a saludar a los oficiales, con un movimiento enérgico de la mano, y esa
fue una de las cosas que aproveché para mi beneficio cuando me incorporé en el
Cuartel de Instrucción de la Marina.
Ruta 1 (1 Enero al 28 Mayo)
A finales
de Diciembre del 48, me llamaron, y el día
primero de Enero, a las 3 de la tarde, embarcamos
todos los reclutas en el vapor Ciudad de
Alicante. Nos alojaron a todos en la cubierta interior del barco, sentados en
el suelo con las maletas, como pudiera cada uno. Llegamos a Las Palmas y, a las 12 de la noche, volvimos a
zarpar con dirección a Cádiz, en las mismas condiciones: acostados sobre unos
jergones dormimos los que podían hacerlo.
Por la
mañana empezó a moverse el barco demasiado, el mar agitándose cada vez más fuerte: teníamos encima un
temporal. Comenzamos a devolver lo poco que habíamos comido. Yo era el que más
mareado estaba: era la primera vez que navegaba. ¡Menuda experiencia!
El barco
se balanceaba cada vez más. Se acostaba tanto que las personas y las maletas de
los reclutas salían despedidas hacia el
otro lado. Yo estaba agarrado a la base de madera de una piedra de amolar que
había sujeta al suelo, y eso me impidió que también me deslizara a los lados.
Incluso se desprendió una nevera grande que
había en una de las paredes. No hubo desgracias de milagro. Los marineros del
barco pudieron sujetarla, pero fue algo terrible. Un amigo me ayudó, porque tenía un familiar trabajando en el barco, y me llevó a un
camarote, donde pasé las noches mareado y devolviendo lo poco que comía, pero mucho
mejor.
Tardamos en llegar a Cádiz cuatro días. El
temporal nos había desviado hasta la altura de Huelva, según se comentaba. Cuando llegamos a Cádiz y desembarqué, para mí el muelle seguía moviéndose como
si yo estuviera subido en el barco todavía.
Salimos
de Cádiz para
el cuartel de
instrucción que estaba en San Fernando.
Al llegar al cuartel me destinaron a la 5ª brigada, rancho 11, número 5. Era un barracón
largo en el que había literas dobles. A mí me tocó la de arriba y una taquilla
para poner las cosas. También nos entregaron dos uniformes de dril de color
gris de faena, un gorro de punto, cuatro camisetas blancas de cuello redondo, cuatro
calzoncillos, dos trajes blancos de dril, dos trajes de lana azules, un par de botas de
cuero virado (las botas de paseo o de vestir nos la dieron a mediados del
curso), el lepanto (gorro marinero), el peto, el tafetán (corbata negra ), y a la
mañana siguiente empezaron con la instrucción oral.
Nos sentábamos en el suelo
formando un círculo. El instructor era un
brigada al mando, un sargento y un cabo, que nos iban explicando las distintas
graduaciones de los jefes, porque teníamos que ir memorizando los distintos
aspectos de los galones, alférez , tenientes, capitanes, comandantes de fragata
y de navío, contraalmirantes y almirantes para saber distinguirlos, y nos hacían saludar, y ese fue el momento que
aproveché para saludar como me había dicho en Tenerife el veterano cabo
marinero.
Cuando me tocó el turno a mí, saludé llevándome la mano con rapidez
y energía, vibrando al lado derecho de la frente, el brigada dijo: "Así es como se debe
saludar a un mando superior". Y desde ese
momento serví de modelo a los demás, cuando les pedían que saludaran.
También en la instrucción me destaqué en las
marchas, porque sabía llevar bien el paso al ritmo de marcha, en los desfiles delante
como gastador. Por ello me impusieron un
galón verde en forma de ángulo sobre el antebrazo izquierdo como distinguido; fui de los 15
primeros reclutas en salir a la
calle de paseo por las calles de San Fernando; las botas de instrucción eran de
cuero virado y tuve que rasparlas y pintarlas de negro y abrillantarlas para poder salir a la calle,
porque las botas de paseo, no nos las dieron hasta mediado el periodo de
instrucción.
En los
tres meses que duró la instrucción, solo hice dos puestos de guardia: el
primero en una garita cerca de la puerta principal y el segundo la hice de cabo en el cuerpo de guardia. La misión que tenía
era distribuir a los otros compañeros de guardia por los distintos puestos y
recoger a los que estaban en sus puestos, haciendo el relevo cada tres horas.
En el cuartel de instrucción, después de
los ejercicios, nos reuníamos en el patio los más conocidos a charlar y
comentar las incidencias del día. Tengo
una fotografía del grupo que siempre estábamos juntos, con los trajes de faena
de color gris y el gorro de punto, sentados en los escalones que habían para subir a la cantina donde comprábamos pan
de higo y manteca colorada para untar en el pan.
Un día me desapareció el lepanto (gorro del
marinero). Alguien se lo llevó y tenía que buscarme
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| Letrina |
uno de cualquier manera para que
no me arrestaran: me fui a las letrinas del
cuartel y allí estaba un marinero haciendo sus necesidades, muy cerca de la
puerta porque aquello estaba lleno. Imagínate cuántas personas habían pasado
antes por allí, (el cuartel lleva 1500
reclutas en cada curso de tres meses). Como él estaba agachado y tenía la cabeza fuera de la
puerta, le cogí el lepanto y lo empujé, él se cayó de culo dentro de todo
aquello. Me imagino cómo se había
quedado. El pobre no pudo ver quién le había empujado. Así recuperé yo mi
lepanto y evité el consiguiente arresto; las cosas que estaría diciéndole al
que lo empujó, por eso yo decía para mis adentro, a la tuya por si acaso (lo siento
pero cada uno se salva como puede).
Cuando terminó el periodo de instrucción, empezaron los destinos a los distintos puntos de España, y vi cómo salían
casi todos los canarios para Canarias y para la Guinea, y a mí no me nombraban. Pensé
que me dejaban en el cuartel como
instructor, como habían hecho el año anterior con los marineros del último
curso; cuando solo quedábamos pocos en
aquel patio, me llamaron junto con otros tres, a un gallego, a un vasco y a un catalán, y nos destinaron a
Madrid, al Ministerio de Marina. ¡Qué alegría! Porque es de los mejores
destinos que hay en la marina.
Al presentarnos en el Ministerio, yo había
dicho que era electricista y me destinaron al taller de electricidad. Al mando del taller
estaba un teniente de navío. Me incorporé con otros marineros. En total éramos seis en el taller: tres vascos, un gallego,
un cántabro y yo.
Por estar en el taller eléctrico, nos
rebajaron de las guardias militares en las distintas dependencias del
ministerio. Solo hacíamos trabajos de
electricidad en los distintos departamentos cuando faltaba la corriente
eléctrica por averías y los trabajos que se hacían dentro del taller.
En Madrid, lo pasábamos muy bien por las
tardes, cuando salíamos a pasear por el Retiro (que nos quedaba muy cerca del
Ministerio de Marina), con las marmotas "sirvientas". Les gustaba
oír la forma de hablar que yo tenía. Cuando les dije que era de Tenerife, del archipiélago canario, no lo podían creer: se extrañaban del color rubio
de mi pelo, porque tenían la creencia,
de que los canarios éramos todos negros (en la península, sobre todo en aquella época, la clase obrera tenía muy poca cultura). Solo pensaban que las Islas Canarias, por estar en la costa de
África, eran todos negros.
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| Minador Marte |
Hablando
con un marinero veterano, me decía que
en Madrid el calor solía llegar a los
40º y más, durante todo el verano, y no
lo pensé mucho tiempo: solicité una permuta para Canarias. Tan pronto como pedí la permuta, un madrileño
que estaba en Canarias pidió cambiarse conmigo, y a finales del mes de Mayo, me
arreglaron los papeles, el billete hasta Cádiz y el pasaje para Canarias. Llegué a Las Palmas a las cinco de la tarde del día 23 de Mayo de 1949 y en la
Base Naval me destinaron al minador Marte.
Me entregaron un
coy "hamaca", consiste en una lona de 2 metros de largo y los cabezales de un
metro aproximadamente, que llevan una pieza de madera en los cabezales para evitar que se plieguen. Tienen
varios ojetes, de los cuales salen unas bolinas que se unen a una argolla
de hierro que sirve para poder colgar el coy de un gancho de pared a pared, así que dormíamos colgados y
por las mañanas, al despertar, lo primero que se hacía era descolgar el coy y amarrarlo y apoyarlo en la pared junto a
los demás.
Me
destinaron al pañol de electricidad. Allí conocí a tres andaluces a los que
llamaba por su procedencia: uno de Sevilla, otro de Huelva y el otro de Málaga. Ellos a mí me llamaban el canario. Hicimos buenas migas.
Mi
destino de trabajo era el proyector de la derecha, la misión que tenía era su
limpieza y mantener bien brillantes todos los metales que tienen los
proyectores.
Ruta 2 (28 Mayo al 17 Julio)

El primer día de navegación fuimos a Tenerife. Al día siguiente, salimos rumbo a Cádiz, donde estuvimos en La Carraca durante 20 días, casi todo el mes de Junio de 1.949.
Sobre el día 20, aproximadamente, embarcaron para hacer el servicio militar los componentes de las Milicias Universitarias y hacer las prácticas. Así comenzó el recorrido por los distintos puertos de la península: Vigo, Santander, El Ferrol.
En el regreso pasamos por la isla de Madeira y seguimos navegando hasta La Palma, llegando el 17 de Julio a la desembocadura de la lava del volcán San Juan, fondeamos frente mismo a la caída de la lava en el mar. El espectáculo era maravilloso: al tocar la lava el agua se producía un ruido tremendo y se elevaba una enorme columna
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| Desembocadura del Volcán de San Juan |
de vapor que impedía ver la tierra, por la ladera se veía un río rojo de lava, sobre todo por la noche. Era precioso: estábamos fondeados a unos cien metros más o menos de la orilla y uno de los cocineros lanzó un cubo amarrado a una cuerda para coger agua, y estaba tibia.
Al día siguiente salimos para Tenerife, donde estuvimos dos días; después a Las Palmas. En todos los puertos estábamos 2 o 3 días, y así podíamos salir un día a tierra y otro de guardia. El siguiente puerto fue Ceuta. Luego salimos para Palma de Mallorca, de allí a Tarragona, después a Cádiz y La Carraca, de vuelta a Tenerife un par de días y a Las Palmas.
El 17 de Agosto salimos para Vigo, el 22 para Cartagena: allí estuvimos hasta final de mes y
luego fuimos a Tarragona, donde estuvimos otros 3 días, otra vez salimos para Cádiz y a Las Palmas, el día 17 de Septiembre me dieron el permiso reglamentario y los pasé en Tenerife.
Me reincorporé al Minador Marte el día 9 de Octubre, y salimos el día 12 para Sidi Ifni (África) donde fondeamos; volvimos a Lanzarote y estuvimos en Arrecife fondeados hasta el 21, que volvimos a Las Palmas. El día 6 de Noviembre salimos otra vez para La Agüera, Villa Cisneros , Cabo Juby y de vuelta a Las Palmas, Tenerife, La Palma.
El 4 de Diciembre fondeamos dos días en Tazacorte y después salimos para La Gomera, estuvimos un par de días y, de nuevo, regreso a Las Palmas.
Ruta 3 (18 Julio - 12 Agosto)
Con el segundo grupo de milicianos, volvimos a recorrer casi el mismo itinerario que el anterior, visitando otros puertos como Tarragona, Mallorca, Cartagena, Ceuta, Ferrol, Santander, Vigo, Tenerife y Las Palmas, hasta que me licenciaron en el año 1951 y volví a trabajar en la UNELCO.
Ruta 4 (14 Agosto - 9 Octubre)
Ruta 5 (12 Octubre - 1 Enero 1950)