Luego, aprovechando la Ley que impuso el Gobierno, para que los
colegios acogieran gratuitamente a los huérfanos, me pusieron en la escuela de
Dª Marcela cita en la calle Santa
Rosalía esquina a la calle Santa Rosa de Lima. También pusieron a mi hermana
Maruja.
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| Mi madre conmigo y mi hermana. Foto privada Familia Coello Peña |
Maruja me
traía el almuerzo, pero Dª Marcela le
ordenaba a la sirvienta que no me la diera hasta que ella llegara. La pobre
mujer sufría al verme y me decía: "Lo siento mi niño, pero no puedo darte nada". El patio tenía una puerta trasera que daba a
la calle Santa Rosa de Lima, y por allí salía yo, cuando terminaba el castigo, y
me iba a mi casa.
Dª Marcela tenía un puntero largo , para
señalar las distintas naciones en el mapa grande que estaba colgado en la
pared, pero ella lo empleaba con frecuencia para darle un golpe en la cabeza
por la parte más gruesa al alumno que cogía
hablando con otro.
Había dos aulas: una, la mayor, en la que daba clases Dª Marcela, y en la otra, daba clases Dª Carmita. Esta era una profesora muy buena y cariñosa que daba gusto estar con ella. Yo me sentaba en la sillita que estaba en la puerta entre las dos aulas, porque así lo ordenó Dª Marcela para tenerme bajo su control. Más de una vez me dejó caer el puntero por la parte gruesa sobre de mi cabeza, era de la vieja escuela. Cuando uno no se sabía la lección, le daba un par de reglazos en la mano, tenía muy mala uva.
Había dos aulas: una, la mayor, en la que daba clases Dª Marcela, y en la otra, daba clases Dª Carmita. Esta era una profesora muy buena y cariñosa que daba gusto estar con ella. Yo me sentaba en la sillita que estaba en la puerta entre las dos aulas, porque así lo ordenó Dª Marcela para tenerme bajo su control. Más de una vez me dejó caer el puntero por la parte gruesa sobre de mi cabeza, era de la vieja escuela. Cuando uno no se sabía la lección, le daba un par de reglazos en la mano, tenía muy mala uva.
Silvia era una chica algo gordita que, cada
vez que entraba en el aula y como yo estaba sentado en la puerta, me daba en la
espalda un golpecito, yo no podía hacer nada porque ella seguía caminando hasta
su sitio y no me daba tiempo, pero un día que volvió a darme el golpecito, la
sillita de ella estaba delante de la mía y aproveché la ocasión para vengarme: cuando se fue a sentar le quité la silla con el pie y se mandó un tremendo culazo en el suelo; aquella fue la ocasión que aprovechó Dª
Marcela para escribir en la pizarra: "El alumno Rodolfo Coello queda expulsado de la escuela". Yo metí mi
porta-libros bajo el brazo y salí pitando para mi casa.
También estuve en el Colegio Público de
la calle de La Rosa esquina a calle San Antonio. Junto a la puerta de entrada, había un jardín que estaba protegido
por una verja de hierro hasta la casa de al lado; el aula tenía tres ventanas
que daban al jardín, la otra aula daba
al patio donde salíamos al recreo; allí estuve poco tiempo.
Mi madre, habló con D. Ramón, un amigo de mi padre, que era profesor en la Academia de D. Gregorio
Martínez, situada en la calle Bernabé Rodríguez ,y allí seguí estudiando hasta
que estuve preparado para ingresar en la Escuela de Comercio donde solo hice
hasta 1º de comercio, pero tuve que dejarlo para ir a trabajar a la Unión Eléctrica de
Canarias (UNELCO) donde entré como
aprendiz.
En aquella época las Empresas enviaban a
los aprendices a la Escuela de Formación Profesional que
estaba ubicada en la Plaza Isla de la Madera, en el edificio de la antigua Recova Vieja que había quedado vacía
cuando hicieron el Mercado de Nuestra
Señora de África en la calle San Sebastián.
Yo estaba en la clase de
electricidad y allí conocí a Óscar, que también estaba de aprendiz en la clase
de mecánica, que después fue mi cuñado. Él tenía una hermana que se llamaba Yolanda, y eran hijos de Emilita
y Miguel Armas (policía municipal). Óscar conoció a mi hermana Tania y se
hicieron novios. Él se fue a Venezuela, donde estuvo unos años. Desde allí, se
casó con Tania por el poder en la Iglesia de la Concepción. Yo hice de novio. Después Tania se marchó a
Venezuela, y, cuando volvió, lo hizo con
dos preciosas niñas, Adita y Emy. Yo
fui a
recibirlas en el Aeropuerto de
Los Rodeos cuando llegaron. Tendrían
como unos 5 y 3 añitos aproximadamente. Eran guapísimas y aún lo
siguen siendo.
Después, cuando volvió Oscar de Venezuela, nació Mavy , que era también preciosa y lista como una tea. Es algo genético en la familia. Recuerdo cuando estábamos viviendo en Las Chumberas. Ella era muy pequeñita, estaba jugando en el suelo con sus juguetes y estaba pendiente de toda la conversación que hablábamos los mayores.
Después, cuando volvió Oscar de Venezuela, nació Mavy , que era también preciosa y lista como una tea. Es algo genético en la familia. Recuerdo cuando estábamos viviendo en Las Chumberas. Ella era muy pequeñita, estaba jugando en el suelo con sus juguetes y estaba pendiente de toda la conversación que hablábamos los mayores.
Óscar se quedó trabajando de mecánico en los
talleres de los camiones Pegaso , después trabajó en la
fábrica de cigarrillos Philip Morris. Estuvimos
en la Murga Ni Fu-Ni Fa unos cuantos años. Con ellos hicimos un viaje a Gijón
(Asturias) y a Cádiz en los Carnavales de allí.
También, dentro de la Ni Fu-Ni
Fa, nos apuntamos en el grupo folklórico
"Los
Tajinastes".
Tajinastes".
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| Grupo Folklórico "Los tajinastes" (yo, agachado tocando la guitarra, y Óscar de pie, a la izquierda de Ángela) |





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