viernes, 16 de junio de 2017

Escuelas de mi infancia y juventud

La primera escuela a la que fui era la de Dª Angelita en la calle Carmen Monteverde. Mis
primeros libros fueron la Cartilla y el Catón. Allí aprendí a deletrear.

 Después fui a la escuela de Dª Carmen en la calle de Canales, que actualmente es Ángel Guimerá.

Luego, aprovechando la Ley que impuso el Gobierno, para que los colegios acogieran gratuitamente a los huérfanos, me pusieron en la escuela de Dª Marcela cita en la calle Santa Rosalía esquina a la calle Santa Rosa de Lima. También pusieron a mi hermana Maruja.

Mi madre conmigo y mi hermana.
Foto privada Familia Coello Peña
Allí estuvimos unos años. Pero como yo era medio golfillo, y me fugaba a cada momento, Dª Marcela me castigaba dejándome en el patio desde por la mañana hasta las ocho de la tarde. 

Maruja me traía el almuerzo, pero Dª Marcela le ordenaba a la sirvienta que no me la diera hasta que ella llegara. La pobre mujer sufría al verme y me decía: "Lo siento mi niño, pero no puedo darte nada".  El patio tenía una puerta trasera que daba a la calle Santa Rosa de Lima, y por allí salía yo, cuando terminaba el castigo, y me iba a mi casa.

Dª Marcela tenía un puntero largo , para señalar las distintas naciones en el mapa grande que estaba colgado en la pared, pero ella lo empleaba con frecuencia para darle un golpe en la cabeza por la parte más gruesa al  alumno que cogía hablando con otro. 

Había dos aulas: una, la mayor, en la que daba clases  Dª Marcela, y en la otra, daba clases Dª Carmita. Esta era una profesora muy buena y cariñosa que daba gusto estar con ella. Yo me sentaba en la sillita que estaba en la puerta entre las dos aulas, porque así lo ordenó Dª Marcela para tenerme bajo su control. Más de una vez me dejó caer el puntero por la parte gruesa sobre de mi cabeza, era de la vieja escuela. Cuando uno no se sabía la lección, le daba un par de reglazos en la mano, tenía muy mala uva.

Silvia era una chica algo gordita que, cada vez que entraba en el aula y como yo estaba sentado en la puerta, me daba en la espalda un golpecito, yo no podía hacer nada porque ella seguía caminando hasta su sitio y no me daba tiempo, pero un día que volvió a darme el golpecito, la sillita de ella estaba delante de la mía y aproveché la ocasión para vengarme: cuando se fue a sentar le quité la silla con el pie  y se mandó un tremendo culazo en el suelo; aquella fue la ocasión que aprovechó Dª Marcela para escribir en la pizarra: "El alumno Rodolfo Coello  queda  expulsado de la escuela".  Yo metí mi porta-libros bajo el brazo y salí pitando para mi casa.

También estuve en el Colegio Público de la calle de La Rosa esquina a calle San Antonio. Junto a la puerta de entrada, había un jardín que estaba protegido por una verja de hierro hasta la casa de al lado;   el aula tenía tres ventanas que daban al jardín, la otra aula daba al patio donde salíamos al recreo;   allí estuve poco tiempo.

Mi madre, habló con D. Ramón, un amigo de mi padre, que era  profesor en la Academia de D. Gregorio Martínez, situada en la calle Bernabé Rodríguez ,y allí seguí estudiando hasta que estuve preparado para ingresar en la Escuela de Comercio donde solo hice hasta  1º de comercio,  pero  tuve que dejarlo para ir a trabajar a  la Unión Eléctrica de Canarias (UNELCO) donde entré como aprendiz.

En aquella época las Empresas enviaban a los aprendices a la  Escuela de Formación Profesional que estaba ubicada en la Plaza Isla de la Madera, en el edificio de la antigua Recova Vieja que había quedado vacía cuando hicieron el  Mercado de Nuestra Señora de África en la calle San Sebastián.   

Yo estaba en la clase de electricidad y allí conocí a Óscar, que también estaba de aprendiz en la clase de mecánica, que después fue mi cuñado.  Él tenía una hermana que se llamaba Yolanda, y eran hijos de Emilita y Miguel Armas (policía municipal). Óscar conoció a mi hermana Tania y se hicieron novios. Él se fue a Venezuela, donde estuvo unos años. Desde allí, se casó con Tania por el poder en la Iglesia de la Concepción. Yo hice de novio. Después Tania se marchó a Venezuela, y, cuando volvió, lo hizo con dos preciosas niñas,  Adita y  Emy. Yo  fui a  recibirlas  en el Aeropuerto de Los Rodeos cuando llegaron.  Tendrían como unos 5 y 3  añitos  aproximadamente.  Eran  guapísimas y aún  lo siguen siendo.   

Después, cuando volvió Oscar de Venezuela, nació  Mavy , que era también  preciosa y lista como una tea.  Es algo genético en la familia. Recuerdo cuando estábamos viviendo en Las Chumberas. Ella era muy pequeñita, estaba jugando en el suelo con sus juguetes y estaba pendiente de toda la conversación que hablábamos los mayores.

Óscar se quedó trabajando de mecánico en los talleres de los camiones Pegaso , después trabajó en  la fábrica de cigarrillos Philip Morris. Estuvimos en la Murga Ni Fu-Ni Fa unos cuantos años. Con ellos hicimos un viaje a Gijón (Asturias) y a Cádiz en los Carnavales de allí. 

También, dentro de la Ni Fu-Ni Fa, nos apuntamos en el grupo folklórico  "Los

Tajinastes"
.



Grupo Folklórico "Los tajinastes" (yo, agachado tocando la guitarra, y Óscar de pie, a la izquierda de Ángela)

      

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