viernes, 16 de junio de 2017

En el Charco de la Casona y colgándonos del tranvía


Charco de la Casona
Al Barranco de Santos nos íbamos  a bañar en el Charco de la Casona que estaba en la parte baja del barranco.

Recuerdo que había un muro de lado a lado del barranco desde el  que nos tirábamos para bañarnos en el charco formado
Charco de la Casona 1897
por el agua del
 mar que entraba hasta allí, 
incluso habían anguilas;   luego se fue rellenando con la tierra y las piedras arrastradas por el agua de la lluvia que caía durante  el  invierno. Antes llovía mucho más que ahora.  Aquello  parecía un río de verdad.
   En el verano, salíamos caminando por el barranco hacia arriba como exploradores, y nos metíamos en una galería que había casi debajo de Las Asuncionistas. Nos hacíamos un faro con un bote de leche condensada y un trozo de vela dentro, y nos alumbrábamos en el interior, aunque entrábamos solamente unos cuantos metros hacia dentro, porque sentíamos un poco de miedo.  No sé  si todavía existe esa  galería.  

Debajo del Puente Galcerán, había huertas
de  plataneras a los lados del Barranco de Santos. 

Para regarlas había  un estanque grande debajo del puente, por el  lado de la calle Padre Anchieta  y San Sebastián,  por ese lado las huertas de plataneras llegaban hasta cerca de lo que es hoy el Puente Serrador.

Después del Barranco de Santos hacia el sur, había una  gran llanura era el Barrio de Los Llanos  (hoy Cabo-Llanos). Nosotros no nos
acercábamos hasta allí porque los chicos de aquel barrio nos tiraban piedras.

Dos tranvías en  la terminal del  Muelle de Santa Cruz
Algunas veces nos íbamos a la calle del Barranquillo para colgarnos del tranvía que bajaba por la calle del Sol hasta el muelle de Santa Cruz, o hasta que aparecía el cobrador y teníamos que bajarnos.  
El tranvía subía por la calle del Castillo  hasta la Plaza de Weyler,  paraba y seguía hasta la Plaza de La Paz,  La Cuesta, La Laguna y Tacoronte .

Allí cambiaban el trole que llevaba cogido de una cuerda y le daban la vuelta para volver a Santa Cruz.  Los tranvías tenían los mandos para conducirlos en cada extremo.

Tranvía con la jardinera de remolque donde venían las lecheras con la leche.
Terminal del tranvía en el Muelle de Santa Cruz

La Oficina  y  la parada de las guaguas  de  transporte público "Exclusivas" de color rojo,  que prestaban los servicios  para el Norte  y  el Sur de la Isla,  estaban ubicadas por debajo de la Plaza de Weyler , donde hoy está  la salida del aparcamiento  de coches,   entre las calles Puerta Canseco y la calle Imeldo  Seris , por encima de la calle Alfaro.

 Las exclusivas
Las guaguas tenían dos filas de asientos de madera en los laterales para los pasajeros que iban sentados y una barra en el techo para que se sujetaran los que iba de pié, también había un hilo de cuero que al tirar de él sonaba un timbre para avisar al conductor que parara en la siguiente parada,









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