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Charco de la Casona
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Al Barranco de Santos nos íbamos a bañar en el Charco de la Casona que estaba
en la parte baja del barranco.Recuerdo que había un muro de lado a lado del barranco desde el que nos tirábamos para bañarnos en el charco formado
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| Charco de la Casona 1897 |
En el verano, salíamos caminando por el
barranco hacia arriba como exploradores, y nos metíamos en una galería que había
casi debajo de Las Asuncionistas. Nos hacíamos un faro con un bote de leche
condensada y un trozo de vela dentro, y nos alumbrábamos en el interior, aunque entrábamos solamente unos cuantos metros hacia dentro, porque sentíamos un poco de miedo. No sé si todavía existe esa galería.
Para regarlas había un estanque grande debajo del puente, por
el lado de la calle Padre Anchieta y San Sebastián, por ese lado las huertas de plataneras llegaban
hasta cerca de lo que es hoy el Puente Serrador.
Después del Barranco de Santos hacia el sur, había una gran llanura era el Barrio de Los Llanos (hoy Cabo-Llanos). Nosotros no nos
acercábamos
hasta allí porque los chicos de aquel
barrio nos tiraban piedras.
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Dos tranvías en la terminal del Muelle de Santa Cruz |
El
tranvía subía por la calle del Castillo hasta
la Plaza de Weyler, paraba y seguía
hasta la Plaza de La Paz, La Cuesta, La
Laguna y Tacoronte .
Allí cambiaban el
trole que llevaba cogido de una cuerda y le daban la vuelta para volver a Santa
Cruz. Los tranvías tenían los mandos
para conducirlos en cada extremo.
| Tranvía con la jardinera de remolque donde venían las lecheras con la leche. |
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| Terminal del tranvía en el Muelle de Santa Cruz |
La Oficina y la
parada de las guaguas de transporte público "Exclusivas" de
color rojo, que prestaban los servicios para el Norte y el
Sur de la Isla, estaban ubicadas por
debajo de la Plaza de Weyler , donde hoy está la salida del aparcamiento de coches,
entre las calles Puerta Canseco y
la calle Imeldo Seris , por encima de la
calle Alfaro.
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| Las exclusivas |
Las guaguas tenían dos filas de asientos
de madera en los laterales para los pasajeros que iban sentados y una barra en
el techo para que se sujetaran los que iba de pié, también había un hilo de cuero
que al tirar de él sonaba un timbre para avisar al
conductor que parara en la siguiente parada,







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